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jueves, enero 26, 2012

Aniversario 53 del triunfo de la Revolución Cubana


Acto celebrado en la sala Sebastián Lerdo de Tejada en la sede del Congreso del Estado de Veracruz.

Palabras de la maestra Gloria Sánchez, en representación del Instituto de Relaciones Culturales Mexicano Cubanas "Flores Magón - Mella"




Palabras de la Cónsul General de la República de Cuba en Veracruz, María Luisa Fernández Eguilaz





Canta Fabiola por la libertad de los 5 héroes cubanos presos injustamente en EE UU.


lunes, enero 09, 2012

La tormenta

José Vasconcelos en el mural del Palacio de Gobierno de Oaxaca
pintado por Arturo García Bustos en 1979-1980


Las vivencias del autor, posteriores al asesinato del Presidente Madero y hasta la llegada al poder del presidente provisional Adolfo de la Huerta. La vida en la ciudad de México luego en el exilio durante la usurpación de Victoriano Huerta. La guerra contra esa usurpación encabezada por Venustiano Carranza, otra vez al exilo, y el retorno a la patria. Esos son los recuerdos del libro segundo de memorias de José Vasconcelos.

Vasconcelos y Villa acompañando
al presidente provisional  Eulalio Gutiérrez
en una cena en Palacio Nacional
con el cuerpo diplomático
Uno de los dramas narrados en el libro es su huida de la prisión en que lo tenía Carranza y su adhesión a la Convención de Aguascalientes. Cumplió con las tareas que el gobierno provisional emanado de la Convención le asignó, una de ellas dar a conocer a Pancho Villa su destitución como Comandante de la División del Norte. Su incorporación al gobierno de Eulalio Gutiérrez como Ministro de Educación Pública. Las vivencias en la ciudad capital, asolados los vecinos por las acciones de las tropas de Villa y Zapata. Fraguó por órdenes de Gutiérrez la destitución de Villa como Ministro de Guerra y junto con el presidente provisional y sus leales salieron de la capital por la sierra de Hidalgo, luego San Luís Potosí y el sur de Nuevo León buscando como destino Saltillo para fortalecer ahí al gobierno de Eulalio. Él le asigna la tarea de representar a ese gobierno provisional en Washington. Y salé por Tamaulipas, toda esa trayectoria a caballo y cruzando con alto riesgo la frontera que estaba custodiada por los carrancistas –carranclanes, en palabra del autor-.

Esa aventura, a caballo hasta la frontera y luego en ferrocarril, la vivió al lado de Adriana, su compañera de armas –sus armas eran sus ideas y sus palabras- y amores. Con ella se fue a ganar la vida como representante de una escuela por correspondencia de empresarios gringos en Lima. Ahí se acercó a la cultura sudamericana, la heredada de la presencia española y conoció las ciudades prehispánicas de los Incas. Después de varios abandonos temporales en EE UU, ahí, en Lima, lo abandona definitivamente Adriana. Sufrimiento y penurias. Soledad y nostalgia. Finalmente decide regresar a EE UU, vía el Caribe. Viaja en un navío en el que se transporta a esclavos negros. Llega a La Habana y de ahí a Nueva York. Su refugio son siempre los libros y las bibliotecas.

Del este parte al oeste, a California y hace viajes temporales a Baja California. Trabajó para inversionistas gringos que pretendieron adquirir una flota de veleros alemanes que se encontraban en La Paz,  para el transporte de alimentos, negocio que no se realizó por la derrota alemana en la primera guerra mundial y ser confiscados todos los bienes alemanes en todos los puertos del mundo. Y vuelta a California y otra vez a Nueva York. La preparación de sus libros de reflexiones filosóficas ocupa su tiempo.

Finalmente en contacto con los obregonistas, acuerda unirse a ellos y regresar a México tras la derrota del gobierno de Carranza. Se les pasó la mano reflexiona con uno de sus amigos, solo se trataba de derrocar a don Venustiano –Carranza fue asesinado en su refugio de Tlaxcalantongo, Puebla, cuando huía de la ciudad de México al puerto de Veracruz-. Fue nombrado Rector de la Universidad Nacional de México, que incluía escuelas de educación media y desde esa posición inició la reconstrucción del Ministerio de Educación que creó durante el gobierno provisional emanado de la Convención de Aguascalientes.

Un capítulo de la historia de México visto desde el exilio por uno de sus protagonistas. Junto con sus vivencias personales. Una narrativa amable y ágil. Comparte el autor sus pasiones, por los libros, la filosofía, sus amantes, sus pocas oportunidades de buena comida y bebida. Nos acerca a saber qué es y cómo se vive el exilio político –tal vez no hay otro-.

Un libro que se disfruta, por su contenido sobre el México que fue y sobre un personaje singular: José Vasconcelos, culto como pocos, y más notable en aquella época de analfabetos alzados en armas y llegados a generales y al poder.


Título: La tormenta
Autor: José Vasconcelos
Editorial: Botas
Edición: Séptima, 1948

sábado, octubre 29, 2011

Ulises criollo

Vida del autor contada por el mismo

Estatua de José Vasconcelos
en el edificio de la Secretaría de Educación Pública

Desde que inicia la memoria, a fines del siglo XIX, hasta que es asesinado el Presidente Francisco I. Madero, al inicio de la segunda década del siglo XX, es el marco de referencia en el cual el autor nos comparte lo que vivió y vio en esos años, los primeros treinta y tres de su intensa vida. Testigo y actor de hechos trascendentes de la vida nacional. El autor agrega sus reflexiones a lo vivido y visto. Es el primer tomo de las memorias de José Vasconcelos. El creador del lema “Por mi raza hablará el espíritu”, lema de la Universidad Nacional.

Evocar el nacimiento es el principio. Ser una extensión que se desprende de la madre. Iniciar en la vida de manera independiente, anatómicamente. Sobre ello escribe el autor en las primeras líneas de su extenso tomo. La infancia sobre el lomo de un asno. La salida de su natal Oaxaca a la frontera sur y luego al otro lado del país, a la frontera norte. Del Sasabe a Piedras Negras. De la escuela inicial en Eagle Pass al Instituto toluqueño y luego al campechano. La llegada a la capital. La preparatoria en San Ildefonso y la Escuela de Jurisprudencia en el centro histórico. Leer y leer. Pensar y reflexionar. Ir creando en el pensamiento las ideas propias. Es la vida inicial de Vasconcelos.

La filosofía para el pensamiento y la acción en la política, ese fue el derrotero del joven Vasconcelos. El abogado que recorre la provincia. Durango y Zacatecas, lo mismo que el Istmo de Oaxaca van mostrando al incipiente abogado su propio país, del que conoció en la infancia sus fronteras. Está cargado de emoción el recuerdo de una caminata en su ciudad natal, además de un lenguaje especialmente rico e intenso.

Francisco I. Madero lo visita en su despacho de abogado. Inician una amistad y comparten el anhelo de dar fin a la larga dictadura de Porfirio Díaz y construir un país democrático. Vasconcelos utiliza su arma, única y favorita: la palabra. Crea un periódico. Por lo que escribe es perseguido y sale a su primer exilio. Nueva York es su refugio temporal, donde se gana la vida de traductor. Sigue leyendo, para ello cuenta con los acervos de las bibliotecas públicas. Regresa y sigue trabajando de abogado. Nuevamente al exilio. Las circunstancias lo hacen ser el representante de la Revolución Maderista en Washington. Después de los Acuerdos de Ciudad Juárez regresa, con los maderistas triunfantes. Vuelve a su despacho de abogado.

Participa activamente en la preparación de la elección de Madero. Su militancia lo lleva a la Vicepresidencia del Partido de los maderistas. Triunfan. Él sigue en su despacho de abogado. Al asumir la Presidencia Madero, él sigue trabajando de abogado. Es un ciudadano. Atendiendo asuntos de su despacho de abogado en el puerto de Tampico se entera de la sublevación de un grupo de militares en contra del gobierno electo. Regresa a la capital y acude al Palacio Nacional a conocer directamente de Madero cuál es la situación. Le advierte lo que muchos saben, que se fragua una traición y entre los protagonistas de ésta está Victoriano Huerta. En presencia del general golpista, Vasconcelos sostiene su dicho y Madero lo deja en su puesto de responsable militar de la plaza y encargado de combatir a los sublevados que se refugian en la Ciudadela. Finalmente la traición se impone y el Presidente Madero y el Vicepresidente Pino Suárez son asesinados. Y en ese sangriento capítulo de la historia de México concluye este primer tomo de memorias.

Vasconcelos fue apegado a su familia. En su casa de la capital residieron sus hermanas hasta que dos de ellas decidieron ingresar a conventos. Llora, literalmente, la prematura muerte de su hermano menor Carlos. Pocas veces se refiere a su esposa, de sus hijos se refiere con gran amor. Describe su relación extramarital refiriéndose a su pareja como Adriana –la creadora de la Cruz Blanca para atender a los heridos de la guerra, Elena Arizmendi Mejía, nieta del General liberal juarista Ignacio Mejía-, los une su origen oaxaqueño, pero sobre todo su intenso y apasionado amor. Más capítulos de su vida están en sus libros La tormenta, El desastre y El proconsulado.

José Vasconcelos cuenta su vida como en un dialogo con sus amigos. En algunas partes ese dialogo es consigo mismo. Son ejercicios de introspección. Su gran cultura la fue forjando desde la infancia y la acrecentaba cada día.

Este ejemplar es de la editorial original. Hace más de tres décadas leí José Vasconcelos y la cruzada de 1929 de John Skirius (1978) y una edición de Ulises Criollo (1979). La relectura de esta obra me ha permitido comprender de mejor forma cómo fue la vida en México en los últimos años del siglo XIX y primeros del XX, y cómo se luchó por el poder para su transformación. Y mucho queda pendiente aún.





Título: Ulises criollo
Autor: José Vasconcelos
Editorial: Botas
Edición: Octava, 1937.

miércoles, octubre 19, 2011

Hidalgo

Antorcha de eternidad



Un niño que nació en una hacienda novohispana en la región del bajío. Un adolecente que estudió en el Colegio de San Nicolás en la antigua Valladolid. Un joven que se graduó de Bachiller en la Real y Pontificia Universidad de México. Un individuo culto que fue catedrático y luego rector de su propio Colegio. Sacado de ahí por sus ideas para ser enviado como párroco. Un párroco que enseña a sus feligreses el cultivo de la vid, la cría del gusano de seda, alfarería y otros oficios. Que funda con ellos talleres de herrería y otras artesanías. Un cura que convive y bebe con quienes acuden a sus misas y el acude a sus casas. Un cura que sigue leyendo y se entera de la Revolución Francesa y lee a los enciclopedistas. Y nutre su pensamiento de esas ideas. Un sacerdote que en tu tiempo libre traduce a escritores franceses y sus obras de teatro son puestas en escena por los más avezados de su feligresía. Un cura que no cumplió el celibato  y tuvo hijos con dos mujeres distintas. Esa es la historia contada en este libro biográfico de Miguel Hidalgo y Costilla por Melchor Sánchez Jiménez y que en 1956 obtuvo el premio El Nacional que otorgaba el diario editado originalmente por el Partido Nacional Revolucionario.

Ese sacerdote, además de convivir con su feligresía, se hacía amigo de algunos militares y hacendados criollos. Con algunos de ellos conspiró para liberar a la llamada Nueva España del imperio español. Un grupo de treinta de sus adeptos, junto con él, se congregaron en donde residía la madrugada del 16 de septiembre de 1810. Se asignaron comisiones para liberar a los presos y llamar a la población a congregarse frente a la parroquia de Dolores –en el actual estado de Guanajuato-. Era domingo y habría misa por la mañana. Antes del amanecer y frente a un grupo ya más nutrido de alfareros, herreros, campesinos y artesanos, acompañado de algunos militares criollos, dio el Grito para iniciar la Guerra de Independencia. Es el hito que marca el surgimiento de la nación mexicana.

E inició la guerra. El incipiente ejército de varias centenas fue engrosándose. Avanzó a San Miguel. Se sumaron más y fueron miles. Avanzó ese ejército improvisado a la capital provincial. Tomó a sangre y fuego Guanajuato. Se hizo una masacre y saqueo por la falta de control sobre los rebeldes. Se estableció un gobierno independentista. Se marchó hacia Valladolid –hoy Morelia-, luego al Valle de México. Antes de llegar se derrotó al ejército realista en el Monte de las Cruces, con esa victoria se estuvo a las puertas de la capital virreinal. Se reflexionó y se regresó hacia el norte. Otras capitales provinciales fueron cayendo en poder del ejército insurgente. En tanto, la jerarquía de la iglesia católica excomulgo a Miguel Hidalgo.

Vino la traición. Ésta se consumó después de salir de Monclova con intenciones de llegar a Estados Unidos. En las Norias de Bajan fueron hechos prisioneros los principales insurgentes, Hidalgo entre ellos. Algunos fueron muertos en la celada de captura, otros fusilados enseguida y los principales llevados a Chihuahua para someterlos a un juicio que ya tenía sentencia de antemano, ésta dictada por el virrey de la Nueva España. Hidalgo y sus compañeros de lucha fueron fusilados. Al amanecer del 30 de julio de 1811 Hidalgo fue fusilado por un pelotón que tuvo que disparar en tres ocasiones, la última directamente al pecho y corazón del mártir.

Su cabeza fue cercenada de tajo, dice el relato que por un indio tarahumara. Igual suerte corrieron sus compañeros de lucha: Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Jiménez. Sus cabezas conservadas en sal fueron trasladadas a Guanajuato y ahí exhibidas en el exterior de la Alhóndiga de Granaditas, donde permanecieron hasta seis meses antes del fin de la Guerra de Independencia. En 1823, siendo presidente Vicente Guerrero –Consumador de la Independencia-, los restos de los cuatro decapitados en Chihuahua y de los mártires fusilados en otras ciudades en la larga guerra fueron traídos a la capital de la República y conservados en la Catedral. De ahí fueron llevados el 16 de septiembre de 1910, un siglo después de iniciada su hazaña a la Columna de la Independencia, erigida en conmemoración de esos primeros cien años. Y ahí están, con la salvedad de haber sido sacados de ahí esos restos el año pasado -2010- por el actual gobierno usurpador y llevados transitoriamente a una exposición a Palacio Nacional y luego retornados.

Además de la muerte por fusilamiento, la separación de la cabeza del cuerpo fue la pena impuesta por el tribunal del virreinato novohispano en el inicio de la segunda década del siglo XIX a los insurgentes.

Doscientos años después las bandas criminales que asolan a varias regiones de México, asesinan a sus rivales y cercenan sus cabezas, aparecen por un lado unas y por otro los cuerpos. Los asesinados de los tiempos actuales que han corrido esa suerte no son para nada comparables con los héroes de la Independencia. Sin embargo el método que se utiliza contra ellos nos recuerda y hace imaginar cómo era la vida y la muerte en el siglo XIX.

Miguel Hidalgo, al frente de un reducido grupo de valientes y generosos inició una de las mayores gestas libertarias del mundo. México fue conformándose a partir de esa Guerra de Independencia que inició él. En su vida fue indómito. Al morir fusilado entró en la inmortalidad al panteón de la Patria. Y ahí permanece.


Título: Hidalgo
Autor: Melchor Sánchez Jiménez
Editorial: El Nacional, Revista Mexicana de Cultura
Edición: Primera, 1956.

Más en este blog sobre Hidalgo:




martes, septiembre 20, 2011

Temporada de zopilotes

Félix Díaz y Manuel Mondragón en La Ciudadela en 1913

Un abrazo dio el Presidente Francisco I. Madero al General Felipe Ángeles cuando se lo llevaban los guardias de su prisión temporal en la intendencia del Palacio Nacional la noche del 22 de febrero de 1913. Un poco antes, el Vicepresidente José María Pino Suárez escribió una carta póstuma a su amigo Serapio Rendón. Así se despidieron de sus amigos, el líder que inicio la Revolución por el sufragio efectivo y quien le acompañaba desde la Vicepresidencia. Lo que fue sucediendo los días previos cuando inicio el golpe militar contra Madero y después, es narrado como en un reportaje por Paco Ignacio Taibo II en este breve libro de esos días que sacudieron a la capital de México.

La carta de Pino Súarez a Rendón dice:
"Dispensa que te escriba con lápiz y burdo papel. No te apenes si te digo que tal vez no nos volvamos a ver. Como tu sabes, hemos sido obligados a renunciar a nuestros respectivos cargos. No por esto están a salvo nuestras vidas. En fin. Dios dirá; por ahora te recomiendo que si algo malo me acontece, procures ver a mi esposa y consolarla. La pobrecita ha sufrido mucho, pues tu no sabes cuánto nos hemos querido"..."Si puedes manda un telegrama a O. M. que se haya en su hacienda cercana a Mérida. Cuéntale los hechos, dile toda la verdad de lo que ha pasado, según te lo permita la brevedad de un telegrama; y si viene a ésta, apresúrate a verle y llévale a mi esposa, pues si algo trágico me acontece ya sé que él, por ser pariente cercano, le servirá de abrigo".... "Pero ¿tendrán la insensatez de matarnos?" ..."Tu sabes, Serapio, que nada ganarían, pues más grandes seríamos en muerte que hoy lo somos en vida"...

La decena trágica es la forma de identificar esos días sangrientos de México, en el principio del siglo XX. Pólvora, caballos, cañones, fusiles, ametralladoras, municiones, seis generales traidores y la tropa del ejército mexicano dividida en dos frentes: los traidores y los leales al Presidente Madero.

El Presidente escoltado por un grupo de cadetes del Colegio Militar marcha en el primer día de esos diez que quedaron marcados con sangre en la historia nacional. Lo acompañan miembros de su gabinete y civiles que lo apoyan. Después de un tiroteo en el centro histórico y su transitorio refugio en una casa, llega al Palacio Nacional, sede y símbolo de su gobierno.

El Palacio Nacional fue defendido por una guardia reducida ante la embestida de las tropas traidoras encabezadas por los generales golpistas Félix Díaz –sobrino de su tío, Porfirio Díaz-, Manuel Mondragón y Bernardo Reyes –padre de Alfonso Reyes, el culto y célebre escritor-. Este último general, en el intento de asalto al Palacio, fue muerto por la balas de la ametralladora que operaba Adolfo Bassó, de los leales al Presidente. El suceso fue la derrota inicial infringida a los golpistas en su primer intento.

Los golpistas se refugian en La Ciudadela, donde se depositaba el mayor arsenal de la Ciudad de México. Desde allí resisten los ataques mal planeados que ordena el comandante de la plaza, el general Victoriano Huerta. Éste es descubierto en su traición y llevado por Gustavo Madero –hermano de Francisco- ante el Presidente, él no hace caso a su hermano y lo reprende, continuando Huerta al frente de las operaciones de las tropas que defienden el Palacio y deben atacar a los golpistas guarecidos en La Ciudadela. Huerta, con el apoyo del embajador gringo Henry Lane Wilson, negocia con los golpistas que encabeza Félix Díaz. Es en la embajada gringa donde suscriben su pacto. Allí inicia el final del ejército que fuera triunfante ante la invasión francesa y que apoyara a Porfirio Díaz en su larga dictadura.

Los generales golpistas cumplen su pacto, nombrando subalternos para ejecutarlo. Específicamente se encomienda a Francisco Cárdenas –mayor de rurales- el asesinato del Presidente Francisco Madero. A Felipe Ángeles le perdonan la vida entonces, por ser militar, después se adhiere a los revolucionarios y es uno de los más valiosos generales del ejército de Pancho Villa. No valieron las gestiones del embajador cubano Manuel Márquez Sterling para salvar las vidas de Madero y Pino Suárez. Los golpistas no honran su palabra de permitirles la salida a Veracruz y de allí a La Habana, al exilio a Cuba.

Asesinado el Presidente y el Vicepresidente, Huerta asume el poder ejecutivo. Inicia otra etapa de la Revolución Mexicana. De ella resulta otro ejército.

No dejaré de citar una introducción de la portada:
“En este país hay muchos hijos de la chingada y los peores son los seis generales que dieron el golpe contra Madero”
Esos generales fueron, además de Victoriano Huerta, Manuel Mondragón, Félix Díaz y Bernardo Reyes, Gregorio Ruíz y Aureliano Blanquet.

El ejército resultado de la Revolución es el que tenemos ahora. Desde hace cinco años esos militares fueron sacados de sus cuarteles con el pretexto de combatir a los narcotraficantes y otras organizaciones criminales. No hay mandato establecido en la Constitución para ello. Se suple de manera ilegal la deficiencia y corrupción prevalecientes en las Procuradurías de Justicia –de la República y estatales- y de las múltiples policías –federal, estatales y municipales-. Ya se documentan los casos de las víctimas de esa decisión del que ejerce la comandancia suprema de las tropas, desde la jefatura del poder ejecutivo. Él está llevando al ejército a la comisión de muertes que se pretenden denominar daños colaterales. No es así. Y el futuro nos puede resultar pésimo sí prevalece esa decisión.

La historia ya fue. El presente es un instante. El futuro tenemos que construirlo. Y es mejor que sea en paz.


Título: Temporada de zopilotes
Autor: Paco Ignacio Taibo II
Editorial: Planeta
Edición: Primera, abril de 2009.

miércoles, febrero 23, 2011

La ruta de Hernán Cortés



Historia de lo sucedido en las primeras décadas del siglo XVI en el mar Caribe, el golfo de México y su costa y el arribo de los conquistadores españoles a la parte continental que llamaron Villa Rica de la Vera Cruz. Es la relación de hechos que escribió Fernando Benítez hace más de seis décadas.

La conquista de México es uno de los capítulos de la historia nacional, de Latinoamérica y del mundo, que marcaron un hito en el desarrollo de la humanidad. Mar e islas era lo que dominaban los españoles en el Caribe. Varios navegantes hicieron expediciones buscando nuevas tierras y oro. En busca de oro encabezó Hernán Cortés la expedición que partió de Cuba, donde gobernaba Diego Velásquez.

Buscando oro navegó rodeando la península de Yucatán y ahí se encontró a Jerónimo de Aguilar, tras el oro incursionó en el río caudaloso de Tabasco. Oro y esclavas le entregaron quienes, después de batallar, aceptaron ser súbditos del rey español. Mallinalli está en el grupo de esclavas, después sería bautizada como Marina y sería interprete del náhuatl al maya para Cortés, el interprete del maya al castellano sería Jerónimo de Aguilar. Así fue colectando oro. Y también consiguió intérpretes para volverse interlocutor de quienes fueron sus aliados y enemigos.

Fernando Benítez hace una descripción de cómo eran la ciudades que Cortés y su ejército se fueron encontrando –Cempoala, Tlaxcala. Cholula y Tenochtitlán- y en un recorrido reciente –hace más de seis décadas- cómo estaban esos mismos lugares. El pueblo de Cempoala a mediados del siglo XX, la ciudad de Tlaxcala y su barroco dieciochesco. Es generoso el autor cuando se refiere a Xalapa, sus caseríos, el verdor de las montañas que la rodean y lo colorido de sus jardines, la abundancia de agua y variedad de plantas.

Reflexiona el autor sobre la transformación de Cholula después de la masacre de indígenas ordenada por Cortés. Su transformación al cristianismo impuesto con la espada, hasta la exageración de tener una capilla o templo para cada uno de los santos en todos los días del año.

Los volcanes como testigos perennes. El andar del ejército de Cortés desde la costa hasta la altiplanicie, el ascenso para cruzar entre el Popocatepetl y el Iztacciuatl para llegar al valle de Anáhuac. La visión de Tenochtitlán. La ciudad en el lago. La recepción del emperador Moctezuma. El gran mercado de Tlaltelolco –así lo escribe Benítez-. La apropiación por los españoles del tesoro de Auhizotl consentida por Moctezuma. La caída de Tenochtitlán y el fin del imperio mexica.

En el último capítulo, el autor, hace un repaso de la transformación de Tenochtitlán, ciudad destruida por los conquistadores. En sus ruinas construida la ciudad colonial capital de la Nueva España. Y sus transformaciones hasta la primera mitad del siglo XX siendo ya la ciudad de México.

De varias fuentes históricas, de lo escrito por Cortés en sus Cartas de relación y Bernal Díaz en su Crónica verdadera, hizo acopio Fernando Benítez y nos legó su visión de la conquista española de México y lo que era hace más de seis décadas la ruta que siguió el ejército invasor desde su salida de Cuba hasta lo que es hoy el centro político y económico de México.


Título: La ruta de Hernán Cortés
Autor: Fernando Benítez
Editorial: Fondo de Cultura Económica
Edición: Primera, enero de 1950

domingo, diciembre 12, 2010

Yate Granma




La noche del 25 de noviembre de 1956, partió de Santiago de la Peña, en Tuxpan, Veracruz, un grupo de 82 expedicionarios con dirección a Cuba, salieron con la misión de hacer la Revolución. Este grupo expedicionario, encabezado por Fidel Castro Ruz, utilizó en su traslado de México a Cuba el yate Granma. ¿Cómo fue el preparativo de este barco y su equipamiento? Ésta es la interrogante que devela el autor de este singular libro sobre una parte de la historia de la Revolución Cubana. El autor también fue el propietario del barco que ahora es resguardado de manera permanente en el Museo de la Revolución, en el jardín posterior de lo que fue el palacio presidencial en La Habana Vieja. Es parte, este libro, de la vida de Antonio del Conde Pontones. Que parafraseando a Gabriel García Márquez, vive para contarla.

Antonio del Conde, llamado El Cuate por Fidel Castro y los expedicionarios cubanos, aprendió el manejo y reparación de armas en el negocio que fue de su padre y luego él heredó, en el centro de la ciudad de México. Un día llegó a su armería un tipo a buscar componentes de armas, preguntó: Tiene usted acciones de mecanismos Belgas. A petición de Del Conde la pregunta fue repetida. El sujeto fue invitado a pasar a la oficina y se le invitó a hacer nuevamente su pregunta la que por tercera vez repitió de la misma manera. Del Conde no contestó la pregunta repetida tres veces, sólo dijo: Mire usted señor… yo no sé quién es usted, ni me interesa… pero sí usted quiere, yo lo ayudo.  Así inició la relación entre Antonio del Conde, quien luego fue llamado El Cuate por el propio Fidel Castro. Se selló en ese breve dialogo el pacto entre el líder revolucionario y uno de quienes le apoyaron en la proeza de la Revolución.

Del Conde desde su armería y con métodos clandestinos proveyó de armas al incipiente ejército revolucionario, que en aquel entonces se denominaba 26 de julio –en referencia a la fecha del fallido intento de asalto al Cuartel Moncada en Cuba-. Fue, además de proveedor de armas, instructor de tiro para el uso de ciertas armas largas y cortas de Fidel Castro.

Uno de los problemas a resolver para el grupo de expedicionarios era el medio de transporte a Cuba. Del Conde buscó y encontró una lancha torpedera que había sido utilizada en la segunda guerra mundial y estaba modificada para uso civil y acudió a comprarla, junto con un cubano, a un puerto de EE UU. Ese vehículo no fue utilizado porque los expedicionarios fueron descubiertos y detenidos en la ciudad de México, incluyendo a Fidel Castro. Se analizó la posibilidad de hacerlo en avión y se descartó el proyecto de hacerlo por vía aérea.

Narra El Cuate que en un viaje de norte a sur al pasar el río Tuxpan vio, desde la panga que servía para cruzar el río ante la falta de puente, un barco que atrajo su atención. Al estar ya del lado sur y margen izquierda del río fue a ver de cerca el barco. Estaba descuidado, requería de una reparación mayor. Investigó sobre los dueños. De regreso en la ciudad de México, buscó a los dueños y les ofreció comprarles el yate. Hubo acuerdo. Así Antonio del Conde se hizo dueño del Granma. Posteriormente en un viaje a Tuxpan para probar unas armas con Fidel Castro, éste se dio cuenta que El Cuate tenía en reparación el yate. Fidel le dijo: Sí usted me arregla ese barco, en ese barco me voy a Cuba. Ante la advertencia de El Cuate de que el barco estaba muy deteriorado, Fidel repitió la expresión. Así El Cuate asumió la misión inmediata y urgente de reparar el Granma para que los expedicionarios viajaran a Cuba.

El Cuate se enteró por voz de Fidel que no iría en el Granma. Que era más útil a la Revolución fuera de Cuba. Tuvo otras misiones y las cumplió a cabalidad. Intentó junto con un ex ministro cubano y un grupo de revolucionarios llegar a la isla. Iniciaron el viaje en un hidro-avión –Catalina- y tuvieron que acuatizar frente a la península de Yucatán. Estando náufragos fueron rescatados por un pesquero cubano y traídos a la costa mexicana.

Cuando ocurrió el triunfo de la Revolución Cubana, el 1º de enero de 1959, El Cuate purgaba una condena en una penitenciería texana por haber sido descubierto trasladando armas, acusado de no haber pagado el impuesto interestatal. Por gestiones de los líderes revolucionarios recién victoriosos salió de prisión.

El Granma sigue navegando es el lema de la conmemoración que cada año se hace en Santiago de la Peña, en Tuxpan, el 25 de noviembre. Y es el nombre del periódico del Partido Comunista de Cuba.

Conocí al autor, algún tiempo propietario del Granma, en 2008. He podido conversar con él. No es precisamente comunista, es católico. Fue excomulgado en 1956 por apoyar a los revolucionarios cubanos. Es abstemio. A los años que tiene ahora, tantos como Fidel Casto, sigue muy activo. Viaja en un vocho –automóvil Volkswagen- desde la ciudad de México a Tuxpan, él al volante. En la ciudad de México se desplaza en motocicleta. Su vida da para una gran película. Y para mí ha sido un honor escuchar sus relatos de parte de la historia de una de las revoluciones que marcaron un hito en el devenir de la humanidad.

Le agradezco a Antonio del Conde su dedicatoria, en el ejemplar de su libro que he leído:

Santiago de la Peña en Tuxpan, Ver. 25 de noviembre de 2010

Eleonaí Rivera:
Como hace un año, pero siempre, todos los días con la Revolución, estas líneas, parte de la historia México – Cuba, te las dedico. Revolucionariamente.

Antonio del Conde
“El Cuate”


El Embajador de la República de Cuba -Manuel Aguilera de la Paz- y Antonio del Conde -El Cuate-

Título: Yate Granma
Autor: Antonio del Conde Pontones
Editorial: Edición del autor
Edición: Primera.

domingo, diciembre 05, 2010

Memorias de Porfirio Díaz



Un largo parte de guerra con múltiples batallas es este libro de memorias escrito por Porfirio Díaz para contar su vida, desde su nacimiento, el 15 de septiembre de 1830, hasta el año de 1866, cuando estaba organizando la recuperación del territorio del sureste del país, que se encontraba en poder de los invasores franceses.

Hijo de una familia con una situación económica estable, no holgada, que cambió a la muerte de su padre, José Faustino Díaz. Su madre, Petrona Mory, fue vendiendo las fincas que poseían para la sobrevivencia de su familia, entre ellos el, entonces niño, Porfirio. El bisabuelo materno de Porfirio fue un inmigrante asturiano y su bisabuela una india mixteca. Su familia era mestiza. De su parte ascendiente mixteca heredó lo guerrero.

Las penurias y el trabajo fueron la vida infantil del posterior seminarista y abogado en ciernes, antes de hacerse de la carrera militar, ésta en la práctica. Aprendió la carpintería y talabartería y de sus trabajos obtenía los recursos para apoyar la precaria economía familiar. Describe que le gustaba hacer ejercicio e ir de cacería, así como tenía interés en el funcionamiento de las armas. La reparación de armas también fue una de las maneras de obtener el sustento.

En su juventud se adhirió a la causa de los liberales y participó en varias de las batallas que les dieron la victoria sobre los conservadores. Por ello fue perseguido, siempre saliendo airoso.

Cuando ocurrió la invasión francesa él ya era un militar con el grado de General. Fue uno de los protagonistas de la victoria sobre el ejército francés en la batalla del 5 de mayo de 1862, cuando el ejército mexicano era comandado por el General Ignacio Zaragoza.

Resistió en el sitio de Puebla, en 1863, hasta que la falta de municiones y alimentos los obligó a rendir la plaza ante los invasores. Fue hecho prisionero y se negó a reconocer el imperio de Maximiliano de Habsburgo. Huyó de su prisión. Reorganizó su ejército. El gobierno de la República, con Benito Juárez a la cabeza de la resistencia ante la invasión, lo nombró jefe de las operaciones militares en el sur-sureste. Cumplió a cabalidad la encomienda. Recuperó la ciudad de Oaxaca donde resistió un sitio hasta que las municiones y los víveres se agotaron y tuvo que rendir la plaza ante los franceses, siendo hecho prisionero por segunda vez. Se volvió a fugar de su cautiverio y nuevamente se dedicó a reorganizar el ejército de Oriente.

El tomo está identificado como primero y concluye el 13 de septiembre de 1866. Tal vez exista un tomo segundo que no conozco y continúe sobre la reorganización del ejército o División Oriente hasta alcanzar la victoria y recuperar la ciudad de México, capital, y restaurar la República.

Tenaz. Militar de tácticas impredecibles para sus enemigos. Valiente. Patriota. Pueden ser éstos los calificativos al General del Ejército Liberal. Lo que sucedió con su persona al ascender a la presidencia y prolongar su estancia en ella lo degradó ante los mexicanos. El poder lo hizo distinto. Terminó siendo un dictador repudiado por el pueblo. Contra él inició la Revolución Mexicana convocada por Francisco I. Madero el 20 de noviembre de 1910.

En la edificación escolar que ahora está en donde estuvo el Mesón de la Soledad, donde nació, en la ciudad de Oaxaca de Juárez, está una placa que le rinde homenaje: Aquí nació, el 15 de septiembre de 1830, Porfirio Díaz, Soldado de la Patria.

En su último libro publicado, Yo no vengo a decir un discurso, Gabriel García Márquez dice que uno de los productos que Latinoamérica ha dado al mundo son los dictadores, algunos de ellos liberales en su juventud. Tiene razón, uno de ellos fue Porfirio Díaz, cuyos restos siguen exiliados en el cementerio de Monparnasse de París.


Título: Memorias de Porfirio Díaz
Autor: Porfirio Díaz                                                                 
Editorial: El Libro Francés
Edición: Segunda, 1922

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jueves, septiembre 09, 2010

Independencia de México


Palabras pronunciadas en la
inauguración de la exposición
de replicas de grabados del
Taller de Gráfica Popular sobre la
Independencia de México


Mexicanos al grito de guerra es la primera línea de nuestro Himno Nacional.

Los hitos de la historia de nuestra Nación están marcados con guerras. Una guerra de conquista española con aliados autóctonos dio fin al imperio dominante en estas tierras mesoamericanas. El 13 de agosto de 1521 cayó Tenochtitlán en poder de los conquistadores y fue aprehendido Cuauhtémoc, el último emperador Mexica. Las ciudades antigüas fueron destruidas. Los indios fueron sometidos y esclavizados, algunos se rebelaron. Se impuso una religión y se dio un idioma distinto. La Nueva España surgida de la conquista fue una sociedad de castas. En la base de la pirámide los indios, los mestizos y los negros que fueron traídos como esclavos. En la cúspide de los blancos se marcó una diferencia, los peninsulares en el poder y los criollos relegados de éste. Así trascurrieron tres siglos de coloniaje.

Los criollos relegados del poder novohispano intentaron acceder a éste sin éxito. Hace doscientos años se conspiraba para obtener el poder. Un párroco de pueblo, ilustrado y valiente, fue el personaje central. Josefa Ortiz de Domínguez, poderosa esposa del corregidor de Queretaro, acogía a los conspiradores en tertulias y dio el aviso de que la conspiración había sido descubierta, algunos la habían traicionado. Antes del amanecer del 16 de septiembre de 1810, en el pueblo de Dolores, Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla y de Gallaga, al frente de un ejército improvisado de peones, herreros, alfareros, campesinos, presidiarios por él liberados y la disposición de algunos militares criollos, dio el grito de guerra al mal gobierno. Es el hito que marcó el inicio de la Nación mexicana actual. Hidalgo con su improvisada tropa avanzaron alcanzando victorias hasta que fue derrotado, aprehendido y sacrificado. Su cabeza cercenada fue exhibida pretendiendo extinguir el anhelo de libertad.

José María Morelos y Pérez Pavón recibió el mandato de Hidalgo para crear un ejército y liberar el sur. Así lo fue haciendo. Emitió los Sentimientos de la Nación diciendo: Que la América es libre e independiente de España y de toda otra Nación, Gobierno o Monarquía, y que así se sancione, dando al mundo las razones. Que como la buena Ley es Superior a todo hombre, las que dicte nuestro Congreso deben ser tales que obliguen a constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, y de tal suerte se aumente el Jornal del pobre, que mejoren sus costumbres, aleje la ignorancia, la rapiña y el hurto. Convocó al primer Congreso Constituyente del cual formó parte. Ese Congreso promulgó en Apatzingán el 22 de octubre de 1814 el Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana, nuestra Primera Constitución. También fue aprehendido y sacrificado.

María de la Soledad Leona Camila Vicario Fernández de San Salvador, jovencita, huérfana, ilustrada, heredera de un inmensa fortuna, prefirió, ante las frivolidades y oscurantismo de la sociedad novohispana, luchar por la libertad. Puso su fortuna para armar a los libertadores. Ella utilizó el arma más poderosa: la palabra. Escribió y publicó sus ideas libertarias. La primera hija que engendró con Andrés Quintana Roo, también insurgente, nació en una cueva donde se resguardaban de la persecución de la inquisición.

Larga fue la guerra de independencia. De España llegó en 1817 uno de los primeros internacionalistas del mundo: Francisco Xavier Mina. Su sangre regó nuestras tierras por la libertad.

La persistencia de Vicente Guerrero mantuvo la guerra al mal gobierno. Su tenacidad logró la independencia, teniendo como aliado oportunista a Agustín de Iturbide, con quien, escriben historiadores documentados, no se dio ningún abrazo porque no se reunión con él en Acatempan, un emisario del Insurgente fue quien pactó con el militar realista. La guerra concluyó y se firmó el Acta de Independencia el 28 de septiembre de 1821. Después del desastroso imperio de Iturbide, fue nombrado el Primer Presidente, José Miguel Ramón Adaucto Fernández y Félix -Guadalupe Victoria-. Él, durante la guerra, triunfó a lado de Morelos en la toma de Oaxaca.

Estos episodios y personajes de la Guerra de Independencia están retratados en los grabados de los artistas del Taller de Grafica Popular. Esta memoria, que ahora la tecnología nos permite reproducir, es parte del gran acervo cultural que tenemos los mexicanos y herencia de las mejores tradiciones plásticas nacionales.

Alfareros, curtidores, herreros, peones de hacienda, desposeídos y algunos ilustrados y pudientes, todos ellos patriotas valientes, lucharon por la Independencia hasta obtenerla. A 200 años del inicio de esa gesta de libertad, los mexicanos de este siglo XXI tenemos el deber de hacer que nuestra Nación sea prospera. Que todos tengan oportunidades, para superar la pobreza y dejar de ser una de las naciones más desiguales del mundo, lo que es ofensivo. Que todos los niños y jóvenes tengan oportunidades de estudiar. Que mujeres y hombres sean productivos, cultos y felices. Todo esto lo podemos hacer trabajando intensamente, participando, ejerciendo nuestros derechos, siendo solidarios, y organizándonos para ser una sociedad auténticamente democrática. Y lo podemos hacer en paz.


Exposición de replicas de grabados del Taller de Gráfica Popular sobre la Independencia de México

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Al finalizar el evento de inauguaración se entonó el Himno Nacional: