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viernes, marzo 09, 2012

Jornada de Reflexión Heberto Castillo



Los días 5 y 6 de este mes, en el pueblo de Ixhuatlán de Madero, donde nació Heberto Castillo Martínez, se llevó a cabo una jornada para difundir la obra y el pensamiento del ilustre veracruzano –ingeniero, inventor, maestro universitario, pensador, luchador social y legislador-.

Casa donde nació Heberto Castillo



Participaron en la organización del evento: la Universidad Veracruzana Intercultural –sede Huasteca-, el Foro Permanente Heberto Castillo y el Ayuntamiento de Ixhuatlán. El marco fue el pueblo donde vio la luz por primera vez el célebre inventor de la tridilosa.


El maestro de la Universidad Metropolitana Javier Santiago Castillo impartió una conferencia magistral sobre la vida y obra de Heberto Castillo en el auditorio municipal que lleva su nombre.




Se inauguró una exposición con fotografías y carteles sobre la vida del maestro universitario, en la Casa de la Cultura. Entre quienes participaron en su apertura estuvo una singular Catrina que presumió sus quereres con Heberto. Y criticó al gobierno de Veracruz por llevar para su entrega a Toluca en vuelo desde Xalapa 25 millones de pesos en billetes.





La Fundación Heberto Castillo entregó un acervo bibliográfico a la Universidad Veracruzana Intercultural, mismo que está a disposición de los estudiantes y maestros de la sede Huasteca, las Unidades de Servicios Bibliotecarios y de Información de Poza Rica y Xalapa.

En el segundo día de la jornada el maestro Luís Magaña Cuellar, en el auditorio de la Universidad Veracruzana Intercultural impartió una conferencia sobre la situación del agua en el mundo y en México. Por su parte el maestro Rafael Nava Vite disertó sobre los problemas generados por la disputa de los manantiales de agua en la región Huasteca.

La estudiante Lucina Martínez Hernández dio la bienvenida al Foro Permanente Heberto Castillo, primero en nahuatl y luego tradujo al español.








La maestra Gloria Sánchez dirigió un taller sobre el pensamiento y la obra de Heberto Castillo, causando gran impacto entre los estudiantes universitarios y de bachillerato del plantel del Colegio de Bachilleres de Ixhuatlán que lleva el nombre del ilustre ingeniero mexicano.


Un grupo de estudiantes presentó una obra de teatro sobre la situación política en la región. Y concluyó la Catrina con una intervención que alterno canciones sobre la muerte con la situación nacional y regional.

Dos días de intensa actividad para que el pensamiento y la obra del gran mexicano Heberto Castillo sea conocida entre sus paisanos. La recepción que los jóvenes universitarios y bachilleres dieron al evento y su participación en éste permiten pensar que habrá algunos entre ellos que dediquen parte de su tiempo a conocer más y a llevar a la práctica las enseñanzas del ilustre maestro universitario.

jueves, febrero 23, 2012

Las dos Fridas

Dos Fridas en el mercado de Ocotlán

Una de las obras pictóricas más conocidas de la célebre Frida Kahlo es el cuadro que lleva su nombre doble. Al ver el título de este breve libro, viene a mi imaginación ese cuadro y pienso en una disertación del autor sobre la obra. No se trata de eso. Es una reseña de la experiencia personal del autor, verdadera o ficticia, sobre la búsqueda de la otra Frida a partir de una fotografía de la principal –Kahlo- por encargo de la editorial para escribir una biografía de la pintora. Así Mario Bellatín nos comparte un recorrido desde la Capital hasta un remoto pueblo de los tantos que hay en México.

La búsqueda de la otra Frida se vuelve para el escritor un motivo de viaje. En un auto compacto y acompañado de su perro parte de la ciudad de México. Nos describe las cualidades del perro y explica el porqué de su nombre. En algún momento pasa por el pueblo de sus ancestros que vinieron del otro lado del mar. Una de las migraciones europeas para formar un pueblo donde sus habitantes viven de la fabricación de alimentos lácteos basados en sus conocimientos traídos desde su tierra de origen. Y así puede uno enterarse que en esa migración hubo seguidores de la ideología fascista, que hay en ese pueblo un cementerio con una zona de tumbas en honor de los mártires del fascismo –del fascio, cita el autor, citando a los pobladores-.

Después de los kilómetros recorridos, finalmente el autor, investigador, encuentra a la otra Frida. Ella está en un mercado. Atiende su pequeña fonda, ella misma prepara los alimentos. En esa tarea no puede conversar de frente con el viajero, sólo le contesta las preguntas haciéndolo de espalda a él. Él descubre que responde apoyándose en un libro que guarda discretamente entre su falda.

No sé en cuántos pueblos puede haber Fridas. Hace varios años fuimos a conocer a una de ellas. Sus cejas pobladas. Flores en su peinado. Falda ancha de tehuana. Huipil con colores vivos. ¿Sería sí la original –Kahlo?- Y volvimos en otra ocasión. Conversamos con ella. Vive cada día, cada hora del día, y tal vez cada hora de la noche su personaje. Ella, esta Frida, atiende su fonda en el mercado de Ocotlán. El pueblo del que es originario Rodolfo Morales –el célebre pintor que legó a su pueblo recursos para reconstruir los principales edificios: el ex convento, el palacio municipal y la casa que habitaron sus padres y luego fue de él, convertida en museo, con sala de Internet para los lugareños-. Ese pueblo donde un mal día de 2006 el candidato de la Coalición Por el Bien de Todos –Andrés Manuel López Obrador- dijo refiriéndose al hablantín presidente Vicente Fox “cállate chachalaca” y le costó varios puntos en las preferencias electorales y a México la oportunidad de un verdadero cambio en aquel año.

La otra Frida, la de Ocotlán, cada mañana atiende a los comensales que llegan a desayunar o comer. Algunos a conocerla. El espíritu de la original sigue habitando la Casa Azul de Coyoacán y su mirada está en cada uno de sus cuadros. Las dos Fridas son México.


Título: Las dos Fridas
Autor: Mario Bellatín
Editorial: Conaculta – Random House Mondadori
Edición: Primera, octubre de 2008.

jueves, febrero 02, 2012

Se llamaba Elena Arizmendi

Elena Arizmendi, Sara Pérez y Francisco I. Madero en El Paso, Texas


Cuando José Vasconcelos publicó sus libros autobiográficos Ulises criollo y La tormenta, llamó la atención un personaje femenino a la que el autor llamó Adriana. La bella Adriana es el primer capítulo de esta biografía escrita por Gabriela Cano sobre la vida de quien se llamaba Elena Arizmendi.

Las raíces familiares de Elena Arizmendi vienen de España. Arraigados sus antecesores en estas tierras de América, participaron algunos de ellos en la Guerra de Independencia y en las luchas de liberación del pueblo mexicano. Su abuelo, el oaxaqueño Ignacio Mejía, general del ejército de la Reforma, peleó al lado del prócer Benito Juárez ante los conservadores y luego contra los invasores franceses. Era Elena Arizmendi de estirpe liberal, lo que se describe en el segundo capítulo: El linaje liberal: Oaxaca.

La educación de Arizmendi fue más allá de los convencionalismos de la época –fines del siglo XIX y principios del siglo XX-. Convivió con su abuelo el general Ignacio Mejía –en cuyo honor existió, en la capital oaxaqueña, hasta el final del siglo pasado un internado para estudiantes de escasos recursos, con actividades militarizadas-.  Aprendió a montar a caballo y disfrutaba hacerlo en sus vacaciones en el rancho de su abuelo.

Elena partió a EE UU. En San Antonio estudió enfermería. Fue una de las primeras mexicanas en graduarse en esa profesión. En esa ciudad inició una relación con la familia Madero. Fue amiga de Francisco y Sara, su esposa. En consecuencia apoyó la Revolución iniciada por él.

Cuando inició la Revolución en el norte del país, con la toma de ciudad Juárez –antes Paso del Norte- regresó a México. Viajó hasta la capital. Buscó apoyos y logró conformar la Cruz Blanca Neutral, para atender a los heridos en la guerra ya iniciada. Formó con el apoyo de varios médicos y estudiantes de medicina brigadas que fueron al norte a cumplir su misión de alivio.

La Cruz Blanca Neutral formada con su participación se escindió. Ella, junto con otras personas formaron la Cruz Blanca Mexicana. Para atender problemas en esa organización, Francisco I. Madero la envió al despacho de su aliado José Vasconcelos. Allí inició el romance apasionado que es narrado en Ulises criollo y La tormenta. Ese apasionado idilio extramatrimonial los hace compartir pasajes de la guerra revolucionaria en México y el exilio en EE UU y en Sudamérica.

Se separa de Vasconcelos. Regresa a EE UU. Se desposa con un norteamericano. De lo que aprendió en el exilio, durante las largas horas que pasaba con Vasconcelos en bibliotecas públicas de Nueva York, le crece la vocación feminista. Participa activamente en la organización de las mujeres en defensa de sus derechos. Fue fundadora de la Liga de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas –Liga de Mujeres de la Raza-. Participó en congresos por la liberación de las mujeres. Colaboró en la revista feminista Mujeres de la Raza. Escribió un libro autobiográfico –Vida incompleta-, en éste narra pasajes y reflexiones sobre su vida al lado de Vasconcelos y al lado del que fue su esposo norteamericano.

Regresó a México. Murió en 1949. En su memoria una calle de la colonia Del Valle en la ciudad de México lleva su nombre –antes Tercera cerrada de Amores-. Se llamaba Elena Arizmendi Mejía.


Título: Se llamaba Elena Arizmendi
Autora: Gabriela Cano
Editorial: Tusquets Editores
Edición: Segunda, septiembre de 2010.

sábado, enero 28, 2012

Aniversario 159 del natalicio de José Martí



Ayer se realizó un homenaje al Maestro de América -José Martí- ante el monumento erigido en su memoria en la avenida Xalapa de la capital veracruzana.

Ante la presencia de autoridades de Veracruz, su capital y de la Cónsul General de la República de Cuba, licenciada María Luisa Fernández Eguilaz y distinguidos invitados, el maestro Alberto Flores, en representación del Instituto de Relaciones Culturales Mexicano Cubanas "Flores Magón - Mella" pronunció el siguiente discurso:


JOSÉ MARTÍ, MAESTRO DE AMÉRICA
  
Honrosa la encomienda del Instituto Mexicano Cubano de Relaciones Culturales “Flores Magón-Mella”.  Severo el compromiso de referirse a José Martí y Pérez, un paradigma de fortaleza y congruencia, cuya vida fue tan intensa como vigente es su legado.

Ni el destierro ni la prisión lo doblegaron. Ferviente liberal y humanista, precursor y justiciero indigenista, defensor de la mujer. El filósofo cosmopolita y nato educador impactó su tiempo con una vigorosa vena poética. El ideólogo de luchas libertarias murió en combate.  

Martí reverenciaba a México con la frase consignada a un costado de este monumento: “un hijo tuyo que no nací de ti”. En sus estancias aquí, estableció comunicación con lo más granado de la intelectualidad mexicana de fines del siglo XIX: Guillermo Prieto, Juan de Dios Peza, José Peón Contreras, Vicente Riva Palacio, Justo Sierra, Manuel Gutiérrez Nájera, Amado Nervo, Salvador Díaz Mirón e Ignacio Ramírez, el Nigromante, entre otros personajes, quienes le reconocían dotes de apasionado conversador.

En tierra mexicana cosechó simpatía y apoyo para su causa fundamental: la liberación de su patria. Aquí se enamoró más de una vez y se casó con Carmen Zayas. Vivió en la casa del que quizá fue su mejor amigo, Manuel Antonio Mercado, a quien un día antes de morir escribió una célebre carta, inconclusa. En un fragmento de esa misiva asentó: “Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber de impedir a tiempo, con la independencia de Cuba, que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos, y caigan… sobre nuestras tierras de América”…

Para que su patria se sacudiera el dominio español la obra de Martí, aun muerto, fue determinante. Sin embargo, en los hechos,  la “Independencia”, significó para Cuba, igual que para otros países, un relevo de opresor. Medio siglo después, la Revolución Cubana, inspirada en el personaje cuyo natalicio conmemoramos, se convirtió en avanzada libertaria continental.

Imposible abarcar en unos minutos el cúmulo de facetas de un gigante como Martí. Me concentraré más bien en su legado educativo, el cual justifica plenamente la denominación: Maestro de América.

Martí concebía la educación como elemento substancial para fundamentar un proyecto de desarrollo humano integral, en Cuba y en lo que él llamaba Nuestra América. Su cosmovisión en torno a la naturaleza, el hombre y la sociedad, exalta la verdad, la generosidad, la belleza, la solidaridad, y el amor por lo auténticamente nuestro, valores opuestos a la competencia, el individualismo y el egoísmo, todo cimentado en la cultura de cada pueblo.

Durante su estancia en Nueva York, Martí configuró esa concepción, no sólo con el estudio de grandes pedagogos, sino básicamente mediante el enjuiciamiento crítico de la enseñanza que conoció en Estados unidos y en otros países.

“Martí no debió de morir”…, permítaseme apelar a la letra de esa popular melodía cubana, convertida luego en danzón, la cual los mexicanos adoptamos y adaptamos para añorar a Juárez. Añoranza ahora mayor, ante el contrasentido histórico auspiciado por regímenes neoliberales.  

“Si Martí no hubiera muerto”, contemplaría hoy a su patria como ariete de su filosofía educativa. Veamos si no: recién iniciada la etapa constructiva de la Revolución, con amplia participación de la sociedad, una cruzada nacional erradicó el analfabetismo en un año, record mundial. Fue la base para enrumbar definitivamente a Cuba hacia estadios superiores.

En medio siglo de proceso revolucionario, han ocurrido enormes transformaciones. En educación primaria, hoy 99% de la matrícula es atendida en doble sesión, lo que incluye alimentación escolar gratuita. Más de 90% de los grupos son iguales o inferiores a 20 alumnos por maestro. La cobertura es de 99% de la población entre 6 y 11 años.

Los tres niveles educativos  -primario, secundario y preuniversitario-   emplean intensivamente la televisión, videoclases, computadoras y conferencias especiales. Los curricula incluyen actividades extraescolares: artísticas, culturales, deportivas, recreativas y patrióticas. Todo con calidad reconocida internacionalmente. El informe sobre “Educación para Todos”, de la UNESCO en el año 2008, situaba a Cuba encabezando la región de América Latina y el Caribe.

No, definitivamente, Martí no debió morir, merecía haber visto lo que aquí someramente se describe. Pero, es lo de menos, muerto, sigue siendo protagonista estelar de esa reconversión.

Quizá lo más notable sea el programa para la universalización de la educación superior. Con una red de 65 universidades, el Estado Cubano atiende los 169 municipios del país. El eje de los estudios es el empleo y la recalificación de la fuerza de trabajo. La “Universidad para Todos”, programa dirigido a elevar la cultura general de la población, es implementado por profesores expertos, en los canales de televisión nacionales.

Según la ONU, Cuba ocupa hoy la posición 51 entre 177 países en cuanto al índice de desarrollo humano de su población y aparece en sexto lugar en América Latina. Cuenta con un médico por cada 160 habitantes, la proporción más alta a escala mundial. Servicios de salud gratuitos y de calidad para toda la población, lo que en este rubro le hace tener indicadores similares a los de países desarrollados.

La mística social del Estado y por supuesto de la educación, como lo postuló Martí, ha cimentado a la nación. A la fecha, Cuba es una potencia por sus avances médicos y farmacéuticos, así como en varios ramos de investigación científica-tecnológica. Con una población que no llega a 12 millones de habitantes, la isla antillana   -que hoy está apuntalando su modelo socialista, no desmontándolo,  como algunos ilusos lo pregonan-  es también potencia deportiva mundial, así se ha constatado en juegos olímpicos y otros eventos de cultura física.

Cuba es, sobre todo, el país campeón de la solidaridad internacional. Para lo cual mucho tuvo que ver el impulso dado por su Revolución a una educación orientada, en mucho, por principios filosóficos martianos. Esa mística ha dado margen para que, desde los años 60 y hasta el 2006, en la Isla se graduaran más de 45,300 estudiantes de 128 países del mundo, aproximadamente 22,000 en el nivel superior. Actualmente hay alrededor de 30,000 becarios de 120 naciones formándose gratuitamente en la patria de Martí, incluso a nivel de postgrado. Colaboradores de la salud cubanos están ubicados en más de 70 países, sobre todo de África y América Latina.

Esa solidaridad de Cuba para con otros pueblos constituye uno de los aspectos más conmovedores de su Revolución. Sabemos lo que decimos al afirmar que, nunca antes en la Historia, país alguno la había desarrollado con tal relevancia, en medio de un inhumano bloqueo económico y de cínicas agresiones del imperio más poderoso conocido por la humanidad, el cual, hoy día se ensaña con cinco prisioneros cubanos, cuya inocencia ha sido fehacientemente demostrada, a quienes tribunales amañados impusieron condenas irracionales.

Inspirados en la devoción patriótica de Martí, como seguramente están, sea cual sea el destino de esos jóvenes  -cuya libertad hemos demandado hombres y mujeres de casi todos los países-  la infamia los tornó héroes. Ni Cuba ni el mundo los olvidarán.

En estos tiempos, Martí cabalga en Latinoamérica, igual que Bolívar, Morelos y Zapata. Se advierte así en la mayor parte del Cono Sur. Países hermanos optan por caminos progresistas, incluso claramente antiimperialistas. La identidad que amalgama a nuestros pueblos sigue construyéndose, la están labrando herederos ideológicos del Maestro de América.

Recurramos al ideal de nuestros próceres. Repasemos la Historia. José Martí no ha muerto. Salud.




Palabras de la Cónsul General de la República de Cuba en Veracruz, María Luisa Fernández Eguilaz:



Y la intervención musical del ensamble Pauta Nueva, interpretando del maestro cubano Ernesto Lecuona, Siboney:





lunes, enero 09, 2012

La tormenta

José Vasconcelos en el mural del Palacio de Gobierno de Oaxaca
pintado por Arturo García Bustos en 1979-1980


Las vivencias del autor, posteriores al asesinato del Presidente Madero y hasta la llegada al poder del presidente provisional Adolfo de la Huerta. La vida en la ciudad de México luego en el exilio durante la usurpación de Victoriano Huerta. La guerra contra esa usurpación encabezada por Venustiano Carranza, otra vez al exilo, y el retorno a la patria. Esos son los recuerdos del libro segundo de memorias de José Vasconcelos.

Vasconcelos y Villa acompañando
al presidente provisional  Eulalio Gutiérrez
en una cena en Palacio Nacional
con el cuerpo diplomático
Uno de los dramas narrados en el libro es su huida de la prisión en que lo tenía Carranza y su adhesión a la Convención de Aguascalientes. Cumplió con las tareas que el gobierno provisional emanado de la Convención le asignó, una de ellas dar a conocer a Pancho Villa su destitución como Comandante de la División del Norte. Su incorporación al gobierno de Eulalio Gutiérrez como Ministro de Educación Pública. Las vivencias en la ciudad capital, asolados los vecinos por las acciones de las tropas de Villa y Zapata. Fraguó por órdenes de Gutiérrez la destitución de Villa como Ministro de Guerra y junto con el presidente provisional y sus leales salieron de la capital por la sierra de Hidalgo, luego San Luís Potosí y el sur de Nuevo León buscando como destino Saltillo para fortalecer ahí al gobierno de Eulalio. Él le asigna la tarea de representar a ese gobierno provisional en Washington. Y salé por Tamaulipas, toda esa trayectoria a caballo y cruzando con alto riesgo la frontera que estaba custodiada por los carrancistas –carranclanes, en palabra del autor-.

Esa aventura, a caballo hasta la frontera y luego en ferrocarril, la vivió al lado de Adriana, su compañera de armas –sus armas eran sus ideas y sus palabras- y amores. Con ella se fue a ganar la vida como representante de una escuela por correspondencia de empresarios gringos en Lima. Ahí se acercó a la cultura sudamericana, la heredada de la presencia española y conoció las ciudades prehispánicas de los Incas. Después de varios abandonos temporales en EE UU, ahí, en Lima, lo abandona definitivamente Adriana. Sufrimiento y penurias. Soledad y nostalgia. Finalmente decide regresar a EE UU, vía el Caribe. Viaja en un navío en el que se transporta a esclavos negros. Llega a La Habana y de ahí a Nueva York. Su refugio son siempre los libros y las bibliotecas.

Del este parte al oeste, a California y hace viajes temporales a Baja California. Trabajó para inversionistas gringos que pretendieron adquirir una flota de veleros alemanes que se encontraban en La Paz,  para el transporte de alimentos, negocio que no se realizó por la derrota alemana en la primera guerra mundial y ser confiscados todos los bienes alemanes en todos los puertos del mundo. Y vuelta a California y otra vez a Nueva York. La preparación de sus libros de reflexiones filosóficas ocupa su tiempo.

Finalmente en contacto con los obregonistas, acuerda unirse a ellos y regresar a México tras la derrota del gobierno de Carranza. Se les pasó la mano reflexiona con uno de sus amigos, solo se trataba de derrocar a don Venustiano –Carranza fue asesinado en su refugio de Tlaxcalantongo, Puebla, cuando huía de la ciudad de México al puerto de Veracruz-. Fue nombrado Rector de la Universidad Nacional de México, que incluía escuelas de educación media y desde esa posición inició la reconstrucción del Ministerio de Educación que creó durante el gobierno provisional emanado de la Convención de Aguascalientes.

Un capítulo de la historia de México visto desde el exilio por uno de sus protagonistas. Junto con sus vivencias personales. Una narrativa amable y ágil. Comparte el autor sus pasiones, por los libros, la filosofía, sus amantes, sus pocas oportunidades de buena comida y bebida. Nos acerca a saber qué es y cómo se vive el exilio político –tal vez no hay otro-.

Un libro que se disfruta, por su contenido sobre el México que fue y sobre un personaje singular: José Vasconcelos, culto como pocos, y más notable en aquella época de analfabetos alzados en armas y llegados a generales y al poder.


Título: La tormenta
Autor: José Vasconcelos
Editorial: Botas
Edición: Séptima, 1948

viernes, noviembre 11, 2011

Saturnino Herrán y su obra




El desarrollo del arte en nuestro territorio nacional ha sido muy prolongado, desde la época precolombina hasta los años que vivimos. Este libro reseña la obra de uno de los más distinguidos discípulos de la vieja Academia de San Carlos, que pasó la transición de la dictadura de Díaz a la Revolución. Saturnino Herrán retrató en sus cuadros parte del paisaje y de los personajes del inicio del siglo XX mexicano.

El autor, Manuel Toussaint,  nos describe cómo era la enseñanza en la antigua Academia de arte. La llegada del catalán Antonio Fabrés y su influencia en los incipientes pintores mexicanos. De los más destacados fue Herrán. Uno de sus trabajos escolares últimos fue La leyenda de los volcanes, una interpretación de la leyenda precolombina sobre el Popocatepetl e Ixtacciuatl que miran al Valle de México.




En los personajes que retrata Herrán y que se reproducen en el libro está la célebre Criolla con rebozo, La Tehuana, El viejo del jorongo y más. La lectura es breve e ilustrada con más de cincuenta reproducciones de la obra del pintor, iniciando con un retrato del pintor.




La manufactura del libro reúne lo mejor de lo disponible al terminar la segunda década del siglo pasado. Las primeras ilustraciones están pegadas a las hojas del libro, luego las impresas directamente en el papel, en varios tonos de sepia.

Llama la atención el colofón. El libro es un homenaje al pintor y fue elaborado a propuesta del rector de la Universidad Nacional, José Natividad Macías, y autorizada por el presidente Venustiano Carranza. “El maestro Tostado grabó las laminas de su propio peculio… imprimieron la obra los maestros Vigueras y Perrusquía… sin estipendio…destinando las utilidades integras a la viuda del artista…” Las máximas autoridades de la educación y cultura y del poder político de entonces para la edición de un libro. Así era la vida hace noventa años, cuando la inmensa mayoría de la población mexicana no sabía leer.

Este ejemplar me lo encontré en la Feria Internacional del Libro de Oaxaca, el día de su apertura, hace una semana. Un libro para leer y ver.


Título: Saturnino Herrán y su obra
Autor: Manuel Toussaint
Editorial: Ediciones México Moderno
Edición: Primera, junio de 1920.


lunes, noviembre 07, 2011

Adiós a Tomás Segovia

Foto de JB del blog Murcia Útil


Esta tarde falleció en la ciudad de México Tomas Segovia. Nació en 1927 en Valencia. Llegó a México con el exilio republicano después de la Guerra Civil Española. Tenía 84 años.

Nos deja como legado su obra, de la que destaca su poesía. He aquí uno de sus poemas:


Si te busco y te sueño y te persigo...


Si te busco y te sueño y te persigo,
y deseo tu cuerpo de tal suerte
que tan sólo aborrezco ya la muerte
porque no me podré acostar contigo;

si tantos sueños lúbricos abrigo;
si ardiente, y sin pudor, y en celo, y fuerte
te quiero ver, dejándome morderte
el pecho, el muslo, el sensitivo ombligo;

si quiero que conmigo, enloquecida
goces tanto que estés avergonzada,
no es sólo por codicia de tus prendas:

es para que conmigo, en esta vida,
compartas la impureza, y que manchada,
pero conmovedora, al fin me entiendas.


sábado, octubre 29, 2011

Ulises criollo

Vida del autor contada por el mismo

Estatua de José Vasconcelos
en el edificio de la Secretaría de Educación Pública

Desde que inicia la memoria, a fines del siglo XIX, hasta que es asesinado el Presidente Francisco I. Madero, al inicio de la segunda década del siglo XX, es el marco de referencia en el cual el autor nos comparte lo que vivió y vio en esos años, los primeros treinta y tres de su intensa vida. Testigo y actor de hechos trascendentes de la vida nacional. El autor agrega sus reflexiones a lo vivido y visto. Es el primer tomo de las memorias de José Vasconcelos. El creador del lema “Por mi raza hablará el espíritu”, lema de la Universidad Nacional.

Evocar el nacimiento es el principio. Ser una extensión que se desprende de la madre. Iniciar en la vida de manera independiente, anatómicamente. Sobre ello escribe el autor en las primeras líneas de su extenso tomo. La infancia sobre el lomo de un asno. La salida de su natal Oaxaca a la frontera sur y luego al otro lado del país, a la frontera norte. Del Sasabe a Piedras Negras. De la escuela inicial en Eagle Pass al Instituto toluqueño y luego al campechano. La llegada a la capital. La preparatoria en San Ildefonso y la Escuela de Jurisprudencia en el centro histórico. Leer y leer. Pensar y reflexionar. Ir creando en el pensamiento las ideas propias. Es la vida inicial de Vasconcelos.

La filosofía para el pensamiento y la acción en la política, ese fue el derrotero del joven Vasconcelos. El abogado que recorre la provincia. Durango y Zacatecas, lo mismo que el Istmo de Oaxaca van mostrando al incipiente abogado su propio país, del que conoció en la infancia sus fronteras. Está cargado de emoción el recuerdo de una caminata en su ciudad natal, además de un lenguaje especialmente rico e intenso.

Francisco I. Madero lo visita en su despacho de abogado. Inician una amistad y comparten el anhelo de dar fin a la larga dictadura de Porfirio Díaz y construir un país democrático. Vasconcelos utiliza su arma, única y favorita: la palabra. Crea un periódico. Por lo que escribe es perseguido y sale a su primer exilio. Nueva York es su refugio temporal, donde se gana la vida de traductor. Sigue leyendo, para ello cuenta con los acervos de las bibliotecas públicas. Regresa y sigue trabajando de abogado. Nuevamente al exilio. Las circunstancias lo hacen ser el representante de la Revolución Maderista en Washington. Después de los Acuerdos de Ciudad Juárez regresa, con los maderistas triunfantes. Vuelve a su despacho de abogado.

Participa activamente en la preparación de la elección de Madero. Su militancia lo lleva a la Vicepresidencia del Partido de los maderistas. Triunfan. Él sigue en su despacho de abogado. Al asumir la Presidencia Madero, él sigue trabajando de abogado. Es un ciudadano. Atendiendo asuntos de su despacho de abogado en el puerto de Tampico se entera de la sublevación de un grupo de militares en contra del gobierno electo. Regresa a la capital y acude al Palacio Nacional a conocer directamente de Madero cuál es la situación. Le advierte lo que muchos saben, que se fragua una traición y entre los protagonistas de ésta está Victoriano Huerta. En presencia del general golpista, Vasconcelos sostiene su dicho y Madero lo deja en su puesto de responsable militar de la plaza y encargado de combatir a los sublevados que se refugian en la Ciudadela. Finalmente la traición se impone y el Presidente Madero y el Vicepresidente Pino Suárez son asesinados. Y en ese sangriento capítulo de la historia de México concluye este primer tomo de memorias.

Vasconcelos fue apegado a su familia. En su casa de la capital residieron sus hermanas hasta que dos de ellas decidieron ingresar a conventos. Llora, literalmente, la prematura muerte de su hermano menor Carlos. Pocas veces se refiere a su esposa, de sus hijos se refiere con gran amor. Describe su relación extramarital refiriéndose a su pareja como Adriana –la creadora de la Cruz Blanca para atender a los heridos de la guerra, Elena Arizmendi Mejía, nieta del General liberal juarista Ignacio Mejía-, los une su origen oaxaqueño, pero sobre todo su intenso y apasionado amor. Más capítulos de su vida están en sus libros La tormenta, El desastre y El proconsulado.

José Vasconcelos cuenta su vida como en un dialogo con sus amigos. En algunas partes ese dialogo es consigo mismo. Son ejercicios de introspección. Su gran cultura la fue forjando desde la infancia y la acrecentaba cada día.

Este ejemplar es de la editorial original. Hace más de tres décadas leí José Vasconcelos y la cruzada de 1929 de John Skirius (1978) y una edición de Ulises Criollo (1979). La relectura de esta obra me ha permitido comprender de mejor forma cómo fue la vida en México en los últimos años del siglo XIX y primeros del XX, y cómo se luchó por el poder para su transformación. Y mucho queda pendiente aún.





Título: Ulises criollo
Autor: José Vasconcelos
Editorial: Botas
Edición: Octava, 1937.

miércoles, octubre 19, 2011

Hidalgo

Antorcha de eternidad



Un niño que nació en una hacienda novohispana en la región del bajío. Un adolecente que estudió en el Colegio de San Nicolás en la antigua Valladolid. Un joven que se graduó de Bachiller en la Real y Pontificia Universidad de México. Un individuo culto que fue catedrático y luego rector de su propio Colegio. Sacado de ahí por sus ideas para ser enviado como párroco. Un párroco que enseña a sus feligreses el cultivo de la vid, la cría del gusano de seda, alfarería y otros oficios. Que funda con ellos talleres de herrería y otras artesanías. Un cura que convive y bebe con quienes acuden a sus misas y el acude a sus casas. Un cura que sigue leyendo y se entera de la Revolución Francesa y lee a los enciclopedistas. Y nutre su pensamiento de esas ideas. Un sacerdote que en tu tiempo libre traduce a escritores franceses y sus obras de teatro son puestas en escena por los más avezados de su feligresía. Un cura que no cumplió el celibato  y tuvo hijos con dos mujeres distintas. Esa es la historia contada en este libro biográfico de Miguel Hidalgo y Costilla por Melchor Sánchez Jiménez y que en 1956 obtuvo el premio El Nacional que otorgaba el diario editado originalmente por el Partido Nacional Revolucionario.

Ese sacerdote, además de convivir con su feligresía, se hacía amigo de algunos militares y hacendados criollos. Con algunos de ellos conspiró para liberar a la llamada Nueva España del imperio español. Un grupo de treinta de sus adeptos, junto con él, se congregaron en donde residía la madrugada del 16 de septiembre de 1810. Se asignaron comisiones para liberar a los presos y llamar a la población a congregarse frente a la parroquia de Dolores –en el actual estado de Guanajuato-. Era domingo y habría misa por la mañana. Antes del amanecer y frente a un grupo ya más nutrido de alfareros, herreros, campesinos y artesanos, acompañado de algunos militares criollos, dio el Grito para iniciar la Guerra de Independencia. Es el hito que marca el surgimiento de la nación mexicana.

E inició la guerra. El incipiente ejército de varias centenas fue engrosándose. Avanzó a San Miguel. Se sumaron más y fueron miles. Avanzó ese ejército improvisado a la capital provincial. Tomó a sangre y fuego Guanajuato. Se hizo una masacre y saqueo por la falta de control sobre los rebeldes. Se estableció un gobierno independentista. Se marchó hacia Valladolid –hoy Morelia-, luego al Valle de México. Antes de llegar se derrotó al ejército realista en el Monte de las Cruces, con esa victoria se estuvo a las puertas de la capital virreinal. Se reflexionó y se regresó hacia el norte. Otras capitales provinciales fueron cayendo en poder del ejército insurgente. En tanto, la jerarquía de la iglesia católica excomulgo a Miguel Hidalgo.

Vino la traición. Ésta se consumó después de salir de Monclova con intenciones de llegar a Estados Unidos. En las Norias de Bajan fueron hechos prisioneros los principales insurgentes, Hidalgo entre ellos. Algunos fueron muertos en la celada de captura, otros fusilados enseguida y los principales llevados a Chihuahua para someterlos a un juicio que ya tenía sentencia de antemano, ésta dictada por el virrey de la Nueva España. Hidalgo y sus compañeros de lucha fueron fusilados. Al amanecer del 30 de julio de 1811 Hidalgo fue fusilado por un pelotón que tuvo que disparar en tres ocasiones, la última directamente al pecho y corazón del mártir.

Su cabeza fue cercenada de tajo, dice el relato que por un indio tarahumara. Igual suerte corrieron sus compañeros de lucha: Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Jiménez. Sus cabezas conservadas en sal fueron trasladadas a Guanajuato y ahí exhibidas en el exterior de la Alhóndiga de Granaditas, donde permanecieron hasta seis meses antes del fin de la Guerra de Independencia. En 1823, siendo presidente Vicente Guerrero –Consumador de la Independencia-, los restos de los cuatro decapitados en Chihuahua y de los mártires fusilados en otras ciudades en la larga guerra fueron traídos a la capital de la República y conservados en la Catedral. De ahí fueron llevados el 16 de septiembre de 1910, un siglo después de iniciada su hazaña a la Columna de la Independencia, erigida en conmemoración de esos primeros cien años. Y ahí están, con la salvedad de haber sido sacados de ahí esos restos el año pasado -2010- por el actual gobierno usurpador y llevados transitoriamente a una exposición a Palacio Nacional y luego retornados.

Además de la muerte por fusilamiento, la separación de la cabeza del cuerpo fue la pena impuesta por el tribunal del virreinato novohispano en el inicio de la segunda década del siglo XIX a los insurgentes.

Doscientos años después las bandas criminales que asolan a varias regiones de México, asesinan a sus rivales y cercenan sus cabezas, aparecen por un lado unas y por otro los cuerpos. Los asesinados de los tiempos actuales que han corrido esa suerte no son para nada comparables con los héroes de la Independencia. Sin embargo el método que se utiliza contra ellos nos recuerda y hace imaginar cómo era la vida y la muerte en el siglo XIX.

Miguel Hidalgo, al frente de un reducido grupo de valientes y generosos inició una de las mayores gestas libertarias del mundo. México fue conformándose a partir de esa Guerra de Independencia que inició él. En su vida fue indómito. Al morir fusilado entró en la inmortalidad al panteón de la Patria. Y ahí permanece.


Título: Hidalgo
Autor: Melchor Sánchez Jiménez
Editorial: El Nacional, Revista Mexicana de Cultura
Edición: Primera, 1956.

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domingo, octubre 16, 2011

Miguel Ángel Granados Chapa


La lectura de la noticia analizada y la critica ha sido posible en nuestro país gracias a la pluma de Miguel Ángel Granados Chapa, quien el pasado viernes de despidió de los lectores de su columna Plaza Pública. De sus libros destaca Zócalo rojo, una crónica de la campaña presidencial de la izquierda mexicana de 1982. No se atuvo sólo al análisis de los hechos, como ciudadano participó como consejero electoral de 1994 1996 y fue candidato a gobernador de su natal estado de Hidalgo en 1999. Hoy partió para siempre. Descanse en paz.

martes, octubre 11, 2011

Memoria

1933 – 1966



Potrero, Córdoba, en el estado de Veracruz y la ciudad de México merecen capítulos completos en estas memorias de Sergio Pitol. “Abridor de fronteras” lo llamó el poeta colombiano Darío Jaramillo en la charla de amigos que tuvieron en el marco de Hay Festival el último domingo en esta ciudad, donde reside el autor de esta Autobiografía precoz, como fue su título original en 1967. Los otros dos capítulos se refieren a sus viajes y a sus primeros trabajos.

Es verdaderamente apreciable la lectura de este libro. Su autor, nacido en el año 33 del siglo XX, comparte sus vivencias de sus primeros 33 años. La infancia en las inmediaciones del ingenio el Potrero, la continuación de su niñez y adolescencia en la pequeña ciudad de Córdoba. El recuerdo de sus ancestros que llegaron de Italia hacia el final del siglo XIX. El mundo dentro de las instalaciones del ingenio, donde residió al cuidado de su abuela, al quedar huérfano. Las primeras lecturas. El aprovechamiento del acervo de la biblioteca de Jorge Cuesta en Córdoba. Lecturas y más lecturas. Hicieron del niño y púber Pitol un gran conocedor de la literatura. Ese conocimiento no le valió para aprobar la materia de literatura universal de la preparatoria. Cosas de la vida. Evoca de su infancia sus visitas a Huatusco y la Colonia Manuel González –en el municipio de Centla- donde residen los descendientes de los italianos llegados de Europa a finales del siglo XIX.

El joven Pitol se va de la provincia veracruzana a la capital. Vive intensamente en el centro histórico de la ciudad de México. Estudia en la Facultad de Jurisprudencia. Aprende Teoría del Estado de su maestro sevillano Manuel Pedroso, exiliado de la República Española. También toma clases en la Escuela de Ciencias Políticas y Sociales y acude a la Facultad de Filosofía y Letras. Conoce a su entrañable amigo Carlos Monsiváis. Él, su gran amigo, es quien lo convence de escribir. Así llega a su primer cuento Victorio Ferri cuenta un cuento. Así inicia en la literatura.

Comparte sus vivencias de viaje. En barco a La Habana y Venezuela. Una de sus primeras vivencias políticas fue en La Habana. En la escalinata de acceso a la Universidad presencia, sin tenerlo previsto, el luto estudiantil por la muerte de uno de sus líderes y la represión del gobierno tirano de Fulgencio Batista. En Venezuela, gobernada a mediados del siglo XX por Marcos Pérez Jiménez, pasa una breve temporada en que escribe poesía, alojado en la residencia de una familia mexicana.

Trabaja en Pekín como traductor. Presencia el desencuentro de la URSS –Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas, ya extinta- y China y el inicio de la llamada Revolución Cultural. Sale de China. Vive en Europa Oriental.

Este libro lo escribió en Varsovia y formó parte de la serie Nuevos Escritores Mexicanos del siglo XX. El último domingo, después del homenaje que le hicieron sus amigos en el Hay Festival, firmó ejemplares de sus libros. Me obsequió su autógrafo en el ejemplar que he leído. Brevemente le comenté que en el homenaje de sus amigos escritores quedó pendiente el homenaje al ciudadano Sergio Pitol. Que tenía presente su intervención del domingo 16 de julio de 2006 en el Zócalo dela ciudad de México, junto con su amigo Carlos Monsiváis, quien leyó el texto de ambos, en defensa de nuestros votos. Seguimos, dijimos. El país de Sergio Pitol, el país de todos los mexicanos merece un mejor destino.


Título: Memoria
Autor: Sergio Pitol
Editorial: Era
Edición: Primera edición en biblioteca Era, septiembre de 2011.




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