lunes, enero 12, 2015

Julio Scherer García



En 1976 acudía con regularidad a la Hemeroteca Pública de Oaxaca –entonces estaba en la planta baja del Teatro Macedonio Alcalá por la calle de Armenta y López- leía un diario local –Carteles del Sur- y dos diarios nacionales, uno de esos diarios era Excélsior. Yo ni había leído el directorio, me interesaba ver las notas y algunos artículos de la página editorial –entre los editorialistas estaba en esos años Valentín Campa -líder ferrocarrilero y comunista que había pagado con su libertad su actuar al frente del sindicato de ferrocarrileros y su militancia en el PCM-. Aprovechaba para entrar a la hemeroteca la escala que hacía en el centro de la ciudad al salir de clases pasando el mediodía -iniciaba mis estudios profesionales- o acudía exprofeso por la tarde.

En el mes de julio de ese año no acudí a la hemeroteca porque estaba de vacaciones y todo ese tiempo me regresaba al rancho de mi papá a ayudar en los trabajos del campo. No supe sobre la salida del director del diario Excélsior y más de un centenar de sus compañeros cuando ocurrió. Me enteré al regresar a clases.

A los pocos meses vi en los puestos de periódicos el primer ejemplar de la entonces nueva revista Proceso. Compré ese primer ejemplar y lo leí con avidez. Me enteré de lo que había sucedido en Excelsior. Y seguí comprando y leyendo semanalmente la revista por los años siguientes. El primer ejemplar y subsecuentes los presté a mi primo Horacio que era estudiante de sociología, no volví a ver esos ejemplares. Seguí leyendo la revista cada semana. Por sus páginas supe parcialmente, diez años después, parte de lo ocurrido en 1968. Me gustaba leer los extensos y documentados artículos de Heberto Castillo sobre la industria petrolera y otros asuntos de interés nacional.

Desde la primera portada de Proceso supe que el director era Julio Scherer García. De lo poco que él escribía en la revista me resultó muy interesante. Su prosa directa. Su estilo de narrador, trascribiendo los diálogos con sus interlocutores. Así me fui enterando de lo que sucedía en el país. La revista que dirigió Scherer fue una de mis fuentes. Me di a la tarea de encuadernar esas revistas que quedaron en la casa materna-paterna cuando terminé mis estudios y partí a desarrollar mi vida profesional. No sé cuándo una de mis hermanas o ambas se deshicieron de ese conjunto de revistas.

En alguna fecha de la novena década del siglo XX me encontré con el libro La piel y la entraña escrito por Scherer a partir de las entrevistas que le hizo a David Alfaro Siqueiros en la cárcel de Lecumberri de la ciudad de México. Un libro muy emotivo que muestra el alma desnuda del gran muralista preso en aquel entonces.

He leído varios de los libros escritos por el gran periodista que fue Scherer. Uno que tengo pendiente es Los presidentes. Lo leeré en la edición próxima que ya incluirá textos sobre los últimos cuatro jefes del poder ejecutivo federal.

Su libro Vivir me mostró a un hombre íntegro. Revela en éste algunas situaciones personales. Entre otras relata su amistad con el profesor Carlos Hank González, la amistad que era de ambas familias, y como terminó ésta al pretender el político mexiquense entregarle como regalo un auto nuevo y de lujo. Se acabó la amistad.

Puedo asegurar que el periodismo que hizo e impulso Scherer me ha permitido conocer el extenso país que es México, lo complejo de sus relaciones. Lo corrupto de sus políticos, de distinto signo partidario.

Scherer también me mostró que un hombre íntegro puede cruzar el pantano sin manchar su plumaje como dijo el poeta Salvador Díaz Mirón:

Hay plumajes que cruzan el pantano
y no se manchan... ¡Mi plumaje es de esos!

El miércoles 7 de este mes, Julio Scherer García partió para siempre. Nos queda su legado hemerográfico y sus libros. Un buen homenaje a su memoria es leerlos.

lunes, enero 05, 2015

Lecturas Mexicanas

Primera Serie



Una tarde sabatina de 1983, estando de paseo en Xalapa –entonces vivíamos en el puerto de Veracruz-, me encontré de pronto, en un puesto banquetero de periódicos, un libro en una bolsa de plástico transparente. Era La muerte de Artemio Cruz de Carlos Fuentes en una edición del Fondo de Cultura Económica –FCE- y la Secretaría de Educación Pública –SEP-. Ese es el primer tomo de esta colección de Lecturas Mexicanas, Primera Serie. A lo largo de dos años, de 1983 a 1985, cada semana fui adquiriendo los 100 tomos de la colección.

Este paquete de libros fue parte del menaje de casa desde hace 30 años. Del puerto de Veracruz fue a Xalapa, luego a Tampico y por segunda ocasión a Xalapa. Al llegar a nuestra actual ubicación el conjunto había disminuido. De los 100 libros que lo componían, sólo llegaron 57. Prestamos voluntarios y sustracciones dieron cuenta de los otros 43. Sus cubiertas, algunas muy bellas por el diseño de Rafael López Castro estaban deterioradas. Otros en sus páginas interiores también muestran las huellas de estas tres décadas.

Me dí a la búsqueda de un encuadernador para empastarlos. Después varios intentos y pruebas fallidas, finalmente, la segunda semana de diciembre de 2014 se logró el objetivo. Ahora lucen un empastado con lomo de piel color vino y una cubierta de vinil del mismo color. Me apoyó para este objetivo del empastado el librero Raúl Valdovinos – a quien conocí en una de las Ferias del libro de Oaxaca y que me ha provisto de otros ejemplares- quien también me ayudó a conseguir los ejemplares faltantes de la colección, sólo faltan tres de ellos.

A falta de librero para acomodarlos –después de la última mudanza permanecieron en cajas- los utilizamos temporalmente como el tronco y gran parte del follaje del árbol de Navidad que nos acompaña este invierno.

Entre los primeros títulos de esta colección están: Libertad bajo palabra de Octavio Paz, Popol Vuh, El círculo roto de Elías Trabulse, El Libro de los Libros de Chilam Balam, Los orígenes del cine en México -1896-1900- de Aurelio de los Reyes, Ki: el drama de un pueblo y una planta de Fernando Benítez, Visión de Anáhuac y otros ensayos de Alfonso Reyes, Historia de lo inmediato de Renato Leduc, Escritores norteamericanos y británicos en México –selección- de D. Wayne Gunn, entre otros.

La segunda serie de esta colección, -de más de 100 ejemplares está en proceso de empastado-. Ahora lo que faltan son libreros.

Ya terminé de leer, de esta colección Nueva burguesía de Mariano Azuela. Y lo pendiente de leer es mucho todavía.




miércoles, diciembre 31, 2014

Lecturas de 2014




Lo que leí y vi en este año que termina:

Narrativa:

Poesía:

Biografía:

Historia:

Novela histórica:

Política:

Música:

Caricatura:

Lo que vi en 2006: Ferias, exposiciones, bibliotecas, homenajes:

Numeralia:
  • 24 libros leídos.



martes, diciembre 30, 2014

La primavera del mal



La idea de primavera es la renovación de la vegetación o al menos de su follaje después del invierno. Hay otras formas de primavera. Esta novela histórica nos narra el estado en que se encontraba el cultivo de estupefacientes en México al iniciar la cuarta década del siglo XX y su desarrollo las siguientes dos décadas. Es pues la primavera de uno de los males que se forjaron en el siglo XX y trascienden con más gravedad la primera década del nuevo siglo y lo que va de la segunda. La autoría es del F. G. Haghenbeck.

Desde entonces fue la frontera la región del cultivo y el trasiego de las drogas para su paso al país vecino del norte. Ese país del que estamos imposibilitados de separarnos ha sido el de los consumidores de drogas y sus autoridades desde entonces han simulado combatir su comercio. Las dos ciudades son: el antiguo Paso del Norte, transformado en Ciudad Juárez, y Tijuana. En la primera los chinos que emigraron a fines del siglo XIX y principios del siglo XX y en la segunda los mismos gringos al establecer en sociedad con militares y políticos mexicanos el casino Agua Caliente.

En esos primeros años el negocio era de los chinos en sociedad con mexicanos. Al establecerse en nombre de la Revolución en el poder político los generales norteños y sus seguidores, entran al negocio coroneles y generales protegidos desde el poder central. Así desfilan en esta novela nombres como Abelardo L. Rodríguez, Maximino Ávila Camacho y un civil que fue identificado en esos tiempos como el Cachorro de la Revolución, hijo de general, abogado él, Miguel Alemán Valdés.

El autor refiere a un coronel tapatío que formó parte de la División del Norte. Este militar tuvo plantíos de marihuana en su natal Jalisco y asociado y protegido por los militares políticos del centro desplazó a los chinos de Juárez.

Abundante en anécdotas la novela describe una reunión de ese coronel con el general y gobernador de Puebla, Maximino Ávila Camacho, para acordar los términos de su asociación para el control del mercado y la exportación de sus productos. Se atribuye al general gobernador la posesión de grandes extensiones de tierras cultivadas de marihuana en Cholula.

Por su parte el gobierno federal mexicano por medio del secretario de salud trataba en esos tiempos de legalizar el uso de la marihuana y la atención médica de los adictos, tratándolos como enfermos y no como delincuentes drogadictos. Ganaron desde entonces los políticos de doble moral, impiden que deje de prohibirse porque se benefician económicamente del negocio ilícito.

Dese entonces también están en la escena mexicana los gringos por medio de sus agentes encubiertos para el combate aparente del tráfico de droga. Y también sus autoridades simulan con sus agencias de combate al narcotráfico y por otro lado toleran a los encumbrados que controlan el mercado de distribución entre la población adicta de ese país. El senador McCarthy es puesto en ridículo. Persigue a los supuestos contrabandistas y él mismo se adicto.

Esta novela pone de relieve que el tráfico de drogas en México, para el consumo interno, y Estados Unidos ha sido tolerado e incluso protegido desde lo más alto del poder político en ambos países. Las acciones para su combate son mera simulación, espectáculo para aparentar cumplimiento de la ley que ellos mismos se oponen a cambiar.

Una lectura para entender la raíz de una parte de la problemática presente en México, con su gran cauda crímenes y enriquecimiento ilícito.


Título: La primavera del mal
Autor: F. G. Haghenbeck
Editorial: Suma
Edición: Primera, mayo de 2013.

lunes, diciembre 08, 2014

Antonio del Conde en Oaxaca

Memorias del dueño del yate Granma



Palabras en la presentación del libro de Antonio del Conde,
Paraninfo de la Universidad.


Antonio del Conde y Margarita Dalton
La doctora Margarita Dalton nos ha compartido algunas de sus vivencias en la gesta alfabetizadora que permitió que todos los cubanos pudieran leer y escribir a sólo tres años del triunfo de la Revolución.

Antonio del Conde –El Cuate- nos comparte en su libro de Memorias la parte de su existencia que vivió al lado o colaborando con Alejandro –Fidel- en México.

Un “niño bien” neoyorkino se reconoce Antonio. Llegado a la ciudad de México a los siete años. Desde pequeño fue aprendiendo a manejar y reparar armas. Las enseñanzas fueron de su padre. Heredó de él la armería, con su apellido Del Conde, en la calle Revillagigedo del centro de la ciudad de México. En esa armería, un día de julio de 1955 atendió a un potencial cliente que le preguntó por piezas para fusiles. De ahí surgió la relación que se tornó en colaboración con el líder de la Revolución que se estaba gestando en nuestro país.

Traslado de armas. Pruebas de éstas. Fabricación de algunos fusiles. Enseñar a tirar. Salidas a otras pruebas en campos. Los lugares: ranchos cercanos a la ciudad de México y la huasteca veracruzana en las cercanías de Tuxpan. Allí, en el puerto, Del Conde había comprado un barco de recreo. Él lo estaba reparando para su uso. Gustaba de la pesca. Gusta de comer pescado. Fidel vio el barco y Del Conde tuvo que apresurar la reparación. El yate Granma quedó listo y se preparó la partida. Para organizarla también se compró una casa. Esa casa ahora alberga el Museo Casa de la Amistad México – Cuba, en Santiago de la Peña. A esa casa fueron concurriendo los expedicionarios. Abordaron el yate la noche del 25 de noviembre de 1956. En la obscuridad partió la nave. Del Conde la siguió por tierra. Manejó por la costa del Golfo de México hasta Progreso, Yucatán. El yate con los expedicionarios abordo surcó el Caribe y llegó a Las Coloradas. Tuvo un desembarcó fallido. Los pocos sobrevivientes pudieron incursionar en la Sierra Maestra. Él volvió a la ciudad de México a atender su negocio y las encomiendas de Alejandro.

Tuvo otras misiones y las cumplió a cabalidad. Intentó junto con un ex ministro cubano y un grupo de revolucionarios llegar a la isla. Iniciaron el viaje en un hidro-avión –Catalina- y tuvieron que acuatizar frente a la península de Yucatán. Estando náufragos fueron rescatados por un pesquero cubano y traídos a la costa mexicana.

Cuando ocurrió el triunfo de la Revolución Cubana, el 1º de enero de 1959, El Cuate purgaba una condena en una cárcel texana por haber sido descubierto trasladando armas, acusado de no haber pagado el impuesto interestatal. Por gestiones de los líderes revolucionarios recién victoriosos salió de prisión.

Conocí al autor, algún tiempo propietario del Granma, en 2008. He podido conversar con él. No es precisamente comunista, es católico. Fue excomulgado en 1956 por apoyar a los revolucionarios cubanos. Es abstemio. A los años que tiene ahora, tantos como Fidel Castro, sigue muy activo. Viaja en un vocho –automóvil Volkswagen- desde la ciudad de México a Tuxpan, él al volante. En la ciudad de México se desplaza en motocicleta. Su vida da para una gran película. Para mí ha sido un honor escuchar sus relatos de parte de la historia de una de las revoluciones que marcaron un hito en el devenir de la humanidad.

¿Cómo entró el Granma a la historia?
Habíamos comido en una palapa grande que estaba en la esquina, enfrente de la presidencia. Yo me retiré para pagar al trabajador que estaba reparando el barco. Me siguió. Vio el barco.
- Sí usted me arregla ese barco, en ese barco me voy a Cuba.
- Está muy dañado.
- Si usted me arregla ese barco, en ese barco me voy a Cuba.
Se jodió mi barco. Se fue a la Revolución.
Así narró la noche de 25 de noviembre de 2009, Antonio del Conde la decisión de Fidel Castro de utilizar el Granma para su expedición a Cuba, en ocasión del 53avo aniversario de la partida del Granma de Santiago de la Peña, frente a Tuxpan, Veracruz.

El Granma sigue navegando es el lema de la conmemoración que cada año se hace en Santiago de la Peña, en Tuxpan, el 25 de noviembre. Y es el nombre del periódico del Partido Comunista de Cuba, así como de una de las provincias del oriente de la Isla.

El yate Granma ahora es resguardado de manera permanente en el Museo de la Revolución, en el jardín posterior de lo que fue el palacio presidencial en La Habana Vieja.

Este libro es parte de la intensa vida de Antonio del Conde. Que, en palabras del gran Gabriel García Márquez, vive para contarla.


Título: Memorias del dueño del yate Granma
Autor: Antonio del Conde -El Cuate_
Editorial: Grupo de Amistad México-Cuba de la Cámara de Diputados.
Edición: Tercera, noviembre de 2013.