
Ayer, ya avanzada la tarde, estuve en la presentación de este pequeño libro de relatos que elaboraron, a seis manos, Angélica González Macias, Martha Elena Nava Tablada y Artemio Ríos Rivera.
Son relatos cortos, orientados a invitar a la lectura a adolescentes, escritos con un leguaje sencillo, en varios de ello coloquial. Necesitaba una lectura ágil, digerible y la encontré. De los relatos, cito fragmentos de los que me agradaron, de cada dos manos:
De Angélica
Democracia para la república de las Barbis
...“No señores, la democracia no es un juego” fueron las declaraciones de la vocera oficial. ¡Por supuesto! ¿Cómo ignorar las declaraciones de quienes a costa de dietas y cirugías han aportado el 45% de las ganancias de Mattel?...
... Es tiempo ya de que caiga la dictadura de Mattel, que se hagan elecciones justas, que se creen partidos reales y se convoque a un juego electoral limpio que nos lleve a una verdadera transición democrática, así y sólo así, habrá un tiempo en que florezca la verdadera democracia en la república de las Barbis.
De Martha Elena:
Espejo cubista
Dos rosados pezones nadan tranquilamente en el espejo: dos bocas los acechan cual fieros cocodrilos intentando engullirlos. Detrás de ellos, veinte dedos nudistas planean una emboscada para atrapar a los flotantes labios. Pareja de narices se entromete en la escena, olfatea los lugares prohibidos en busca de una pista para seguir el hilo de la persecución lasciva. Brazos, piernas, miembros de extrañas formas, irrumpen en la orgía, tornando caótica la trama...
De Artemio:
Lectura
Mi familia es de origen humilde, de campesinos emigrados a la ciudad, por tanto desarraigados, ágrafos y analfabetas. Por lo mismo no había libros en mi hogar de la infancia...
...A los trece años deambulaba por la Merced, la Candelaria de los Patos o en el cuadrante de la Soledad con un libro en la mano, caminando y leyendo abstraído de lo que a mí alrededor ocurría. Vendedores ambulantes, merolicos, prostitutas, cargadores, raterillos, bodegas, hoteluchos y fritangas eran el telón de fondo de Las buenas conciencias de Fuentes o Cumbres borrascosas de Emily Bronte. Debo decir que con mi “herencia cultural” me era imposible tener un entendimiento profundo de esos libros, de su lenguaje, sin embargo, dejaban imágenes profundas y huellas duraderas en mí ser.
Espacios excluyentes
... A mis doce años el pelo largo era un problema de disciplina para la escuela primaria donde acudía a estudiar; me cortaba el pelo o no entraba a clases. El pelo seguía creciendo...
... La institución tenía que ceder y conservar, al mismo tiempo, el principio de autoridad, no me prohibían la entrada a la escuela, pero sí a mi salón; la biblioteca se convirtió en mi celda de castigo, en realidad era un paraíso son un ángel, joven y bella, que me atendía de manera particular, me daba revistas, libros, ayudaba en mis tareas...
... Intuitivamente aprendí a conocer una biblioteca: cómo se organizaba su acervo, qué era una bibliotecaria, cómo se trabaja en ese espacio; me sentía familiarizado con ese lugar que en la dialéctica de su magia mezclaba el placer y la reverencia, el castigo y la buena fortuna, la obligación y el desparpajo de la soledad contemplativa, la concentración y el vuelo de púberes ardores que jugaban con la divina trinidad de la maestra de mi salón de clases, la bibliotecaria y la instructora de educación física que con infinita ternura nos enseñaba a nadar en las aguas compartidas, con ese cuerpo de mujer que por primera vez descubríamos y palpábamos accidentalmente...
Título: Trilorgia
Autores: Angélica González Macias, Martha Elena Nava Tablada y Artemio Ríos Rivera
Editorial: Ediciones La Rueca. Xalapa, Ver.
Edición: Primera. Julio de 2006.