martes, septiembre 20, 2011

Temporada de zopilotes

Félix Díaz y Manuel Mondragón en La Ciudadela en 1913

Un abrazo dio el Presidente Francisco I. Madero al General Felipe Ángeles cuando se lo llevaban los guardias de su prisión temporal en la intendencia del Palacio Nacional la noche del 22 de febrero de 1913. Un poco antes, el Vicepresidente José María Pino Suárez escribió una carta póstuma a su amigo Serapio Rendón. Así se despidieron de sus amigos, el líder que inicio la Revolución por el sufragio efectivo y quien le acompañaba desde la Vicepresidencia. Lo que fue sucediendo los días previos cuando inicio el golpe militar contra Madero y después, es narrado como en un reportaje por Paco Ignacio Taibo II en este breve libro de esos días que sacudieron a la capital de México.

La carta de Pino Súarez a Rendón dice:
"Dispensa que te escriba con lápiz y burdo papel. No te apenes si te digo que tal vez no nos volvamos a ver. Como tu sabes, hemos sido obligados a renunciar a nuestros respectivos cargos. No por esto están a salvo nuestras vidas. En fin. Dios dirá; por ahora te recomiendo que si algo malo me acontece, procures ver a mi esposa y consolarla. La pobrecita ha sufrido mucho, pues tu no sabes cuánto nos hemos querido"..."Si puedes manda un telegrama a O. M. que se haya en su hacienda cercana a Mérida. Cuéntale los hechos, dile toda la verdad de lo que ha pasado, según te lo permita la brevedad de un telegrama; y si viene a ésta, apresúrate a verle y llévale a mi esposa, pues si algo trágico me acontece ya sé que él, por ser pariente cercano, le servirá de abrigo".... "Pero ¿tendrán la insensatez de matarnos?" ..."Tu sabes, Serapio, que nada ganarían, pues más grandes seríamos en muerte que hoy lo somos en vida"...

La decena trágica es la forma de identificar esos días sangrientos de México, en el principio del siglo XX. Pólvora, caballos, cañones, fusiles, ametralladoras, municiones, seis generales traidores y la tropa del ejército mexicano dividida en dos frentes: los traidores y los leales al Presidente Madero.

El Presidente escoltado por un grupo de cadetes del Colegio Militar marcha en el primer día de esos diez que quedaron marcados con sangre en la historia nacional. Lo acompañan miembros de su gabinete y civiles que lo apoyan. Después de un tiroteo en el centro histórico y su transitorio refugio en una casa, llega al Palacio Nacional, sede y símbolo de su gobierno.

El Palacio Nacional fue defendido por una guardia reducida ante la embestida de las tropas traidoras encabezadas por los generales golpistas Félix Díaz –sobrino de su tío, Porfirio Díaz-, Manuel Mondragón y Bernardo Reyes –padre de Alfonso Reyes, el culto y célebre escritor-. Este último general, en el intento de asalto al Palacio, fue muerto por la balas de la ametralladora que operaba Adolfo Bassó, de los leales al Presidente. El suceso fue la derrota inicial infringida a los golpistas en su primer intento.

Los golpistas se refugian en La Ciudadela, donde se depositaba el mayor arsenal de la Ciudad de México. Desde allí resisten los ataques mal planeados que ordena el comandante de la plaza, el general Victoriano Huerta. Éste es descubierto en su traición y llevado por Gustavo Madero –hermano de Francisco- ante el Presidente, él no hace caso a su hermano y lo reprende, continuando Huerta al frente de las operaciones de las tropas que defienden el Palacio y deben atacar a los golpistas guarecidos en La Ciudadela. Huerta, con el apoyo del embajador gringo Henry Lane Wilson, negocia con los golpistas que encabeza Félix Díaz. Es en la embajada gringa donde suscriben su pacto. Allí inicia el final del ejército que fuera triunfante ante la invasión francesa y que apoyara a Porfirio Díaz en su larga dictadura.

Los generales golpistas cumplen su pacto, nombrando subalternos para ejecutarlo. Específicamente se encomienda a Francisco Cárdenas –mayor de rurales- el asesinato del Presidente Francisco Madero. A Felipe Ángeles le perdonan la vida entonces, por ser militar, después se adhiere a los revolucionarios y es uno de los más valiosos generales del ejército de Pancho Villa. No valieron las gestiones del embajador cubano Manuel Márquez Sterling para salvar las vidas de Madero y Pino Suárez. Los golpistas no honran su palabra de permitirles la salida a Veracruz y de allí a La Habana, al exilio a Cuba.

Asesinado el Presidente y el Vicepresidente, Huerta asume el poder ejecutivo. Inicia otra etapa de la Revolución Mexicana. De ella resulta otro ejército.

No dejaré de citar una introducción de la portada:
“En este país hay muchos hijos de la chingada y los peores son los seis generales que dieron el golpe contra Madero”
Esos generales fueron, además de Victoriano Huerta, Manuel Mondragón, Félix Díaz y Bernardo Reyes, Gregorio Ruíz y Aureliano Blanquet.

El ejército resultado de la Revolución es el que tenemos ahora. Desde hace cinco años esos militares fueron sacados de sus cuarteles con el pretexto de combatir a los narcotraficantes y otras organizaciones criminales. No hay mandato establecido en la Constitución para ello. Se suple de manera ilegal la deficiencia y corrupción prevalecientes en las Procuradurías de Justicia –de la República y estatales- y de las múltiples policías –federal, estatales y municipales-. Ya se documentan los casos de las víctimas de esa decisión del que ejerce la comandancia suprema de las tropas, desde la jefatura del poder ejecutivo. Él está llevando al ejército a la comisión de muertes que se pretenden denominar daños colaterales. No es así. Y el futuro nos puede resultar pésimo sí prevalece esa decisión.

La historia ya fue. El presente es un instante. El futuro tenemos que construirlo. Y es mejor que sea en paz.


Título: Temporada de zopilotes
Autor: Paco Ignacio Taibo II
Editorial: Planeta
Edición: Primera, abril de 2009.

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